Después que sellé -exitosamente- con resina de poliuretano las juntas del techo de adelante me envalentoné y pensé -como dijo Massú- que "nada es imposible": ya tenía confianza suficiente para pintar los techos con pintura a prueba de agua para dejarlos impermeabilizados,
Así, con una confianza en mi mismo que rara vez tengo para estas cosas, fui a la tienda de pintura de Sherwin Williams, ya que el Sam me había pasado el dato que estaban con 40% de rebaja, le pregunté a Gemini y me dio una serie de sugerencias, de las que solo recordé la frase "pintura para piscinas"
Y ahí me llegó el primer mazazo, porque la respuesta fue: "No es recomendable usar esa pintura para la impermeabilización de tu techo de terciado. Aunque la pintura sea de buena marca y diga "100% Acrílica", el producto que compraste es una Pintura para Piscinas Base Agua (formulada técnicamente para estucos de hormigón/albañilería rígida sumergida), y no un impermeabilizante para techumbres de madera".
Después me dió una serie de explicaciones sobre por qué no debería usarla por ningún motivo, ya que iba a crear una capa quebradiza y arruinaría la superficie cuando -más adelante- le intentara poner membrana líquida encima, que era lo que realmente debía llevar. Tom ya me lo había advertido tiempo atrás, debía usar membrana en los techos.
No me preocupé mucho porque acostumbro a comprar en tiendas grandes como Sodimac y Construmart, donde uno puede devolver o cambiar sin ningún problema, yo pensaba que ese era un derecho de la Ley del computador así es que pregunté a Gemini, el aguafiestas. lo siguiente: "Ok ¿que dice la ley del consumidor respecto a las devoluciones?"
Y aquí me cayó el segundo balde de agua fría: "En Chile, la Ley N° 19.496 sobre Protección de los Derechos de los Consumidores establece reglas muy claras para las devoluciones y cambios. Sin embargo, el derecho a devolver un producto varía según dónde y cómo realizaste la compra, además de si el producto tiene o no una falla."
Resulta que ahí aprendí que cuando uno escoge físicamente un producto en una tienda, pierde el derecho a retracto, especialmente si compraba en una tienda chica como era la de pinturas de Sherwin Williams.
Primero me enfurecí por mi compra atolondrada, después la presión se me fue a las nubes y finalmente entré en una realimentación de pensamientos negativos, estaba absolutamente seguro que no me aceptarían cambios ni devoluciones.
Tuve innumerables discusiones imaginarias con el vendedor que me mandaba al diablo y me mantuve entretenido en eso con el resultado de un rico insomnio. Para colmo, cuando al fin me quedé dormido de madrugada, tuve una desagradable pesadilla.
Desperté molido y preocupado, aunque no me estoy muriendo de hambre, esos 180 dólares los puso el Tomás Jr y pensé que si yo me había equivocado estaría obligado a cooperar, Todo esto me siguió enfureciendo tanto que se me empezaron a retorcer las tripas.
Y seguía con mi realimentación, pensando que podría hacer y qué podría salir mal, pensé en ofrecer la pintura en venta por Marketplace y otros planes descabellados. Lo que tenía claro es que no me iba a rebajar para rogarle al vendedor que me aceptara la devolución, sabiendo que tenía la ley de su lado.
Después de varias horas de pensar puras estupideces, me acordé que antes, con frecuencia, había estado en problemas mucho peores y siempre entraba en esa misma espiral de pensamientos pesimistas y discusiones imaginarias donde siempre perdía.
Y siempre había salido del paso de la misma manera: primero pensando qué era lo peor que podía pasar y asumiéndolo, después pensando que era lo mejor que podía pasar, o sea que me aceptaran la devolución.
Ahí me di cuenta que estaba pensando como un idiota con esa tonta idea de "no ir a rogarle" al vendedor ¿qué podía perder? Lo peor era que me dijera que no y me mandara al diablo, pero no hay peor diligencia que la que no se hace.
Así es que más calmado me hice ánimo y me fui para la tienda a explicar mi problema. Al contrario de lo que pensaba, el vendedor -que me había insinuado que esa pintura tal vez no me iba a servir- de dijo con sonrisa de oreja a oreja "¿no ve que yo le dije?"
Me reí igual y me dijo que me podían hacer una nota de crédito para comprar algo por esa plata, que el trámite era medio engorroso pero se podía hacer, que ahora no tenían la membrana elastomérica que necesito, pero cuando les llegara me avisarían por teléfono y listo.
Fue como si me sacaran una piedra del tamaño del Morro de encima, acordamos que el lunes lo haríamos y me fui silbando muy contento para la casa. Yo, que siempre predico que no hay que preocuparse por nada, caí esta vez como cholito.
Pensé todos los malos ratos que había pasado y cómo me había amargado la vida por nada, entonces me acordé del McDonnell que siempre decía "Tomás, cuando te preocupas por el futuro es como que estás pagando intereses por un préstamo que no has recibido".
Cuanta razón tenía el irlandés, es exactamente así. Si no hubiese sido tan bruto, al ver que la pintura no servía me habría olvidado del asunto hasta el otro día y me iba a la tienda a ver si la podía devolver. Pasé puras rabias a pito de nada.
Incluso tal vez me quité algunos años de vida con la tonta preocupàción, porque "La imaginación es la mitad de la enfermedad, la tranquilidad es la mitad del remedio; Y la paciencia es el comienzo de la cura". Tal cual, debí haber controlado la imaginación desde el primer momento.



