Entre los años 2008 y 2013 escribí una columna semanal en el periódico local La Estrella de Arica, se me ocurrió revisar esos artículos hace poco y me encontré con la curiosa historia de los jureles pigmeos.
Después que escribí la columna el sindicato de pescadores publicó una inserción en el diario reclamando y tachándome de "ignorante" entre otras cosas. También me acusaron de estar atacando a una importante fuente de trabajo como era la pesca en ese tiempo.
Odio decir "yo les dije", pero en verdad yo anuncié que iban a extinguir el recurso costero en una zona donde -gracias a la Coriente de Humdbolt- era una de las más ricas biomasas del mundo junto con la costa del Perú.
Hoy los ariqueños estamos condenados a comer pescado congelado que traen desde el sur. Yo se los dije con algunos años de anticipación...Hoy están igual todos cesantes
Bueno, mi columna, del año 2009 era esta:
El extraño caso de Arica y sus jureles pigmeos
Un amigo me paró en pleno centro de la ciudad, en el Paseo 21 de Mayo, se veía realmente enojado y me dijo "tú que escribes en La Estrella tienes que hablar de esto".
La verdad es que me preparé para escuchar, algún problema doméstico, porque ya me estoy acostumbrando a la idea que me ordenen a cada rato sobre lo que tengo que escribir, pero lo que me dijo esta vez me pareció interesante.
Mi amigo trabaja desde hace unos 15 años en las empresas pesqueras y estaba muy enojado por la presión de las compañías para que les amplíen su cuota de pesca para el jurel, bajo la extraña teoría que en Arica los jureles son enanos.
Las empresas pesqueras están en grandes problemas desde hace tiempo, cuando el fenómeno de El Niño hizo desaparecer a parte importante de las anchovetas que antes eran muy abundantes y por eso las capturas han bajado mucho.
La cosa es que, según me contaba mi amigo, en lugar de dar tiempo para recuperarse siguieron con la pesca de arrastre, capturando no sólo anchovetas sino también jureles, con la misma red anchovetera que es para peces chiquitos.
El resultado es obvio, al arrasar con los jureles cada vez más jóvenes bajó también su captura y ahora piden que les amplíen la cuota de captura con ese curioso argumento: que en Arica -y sólo en Arica- los jureles "no crecen más" o sea que tenemos una especie de pigmeos, lo que justifica que los pesquen con red anchovetera usando un resquicio legal llamado pesca de investigación.
Obvio que eso de los jureles pigmeos no está avalado por ningún estudio, probablemente se le ocurrió a algún empresario, gerente o creativo de las pesqueras.
El siguiente paso fue convencer a los dirigentes sindicales para que difundieran el asunto y armen bulla con eso, finalmente nuestros políticos locales, siempre listos, salieron a defender las fuentes de trabajo y, bueno, el resto ya lo sabemos.
No soy experto en pesca ni biología marina, si hay algún error en lo que he escrito estoy abierto a que me corrijan, pero sí he leído en el sitio web del IFOP donde se habla de la captura de jureles cada vez más jóvenes en nuestra zona.
Creo que mientras la teoría de los jureles pigmeos no sea respaldada por un estudio serio, la captura bajo talla debe ser estrictamente prohibida, porque es pan para hoy y hambre para mañana.
Creo que el Estado debe dejar de una vez por todas de dar subsidios materiales o ambientales a empresas que dejan de ser rentables
¿Qué vendrá después? ¿Quieren hacer con la pesca una nueva actividad subsidiada como ocurrió con General Motors durante décadas? No con mis impuestos por favor.
***Fin de la columna***
En fin, no es malo revisar a veces cosas antiguas. Hoy la pesca ha desaparecido y la mayor parte del pescado que comemos lo traen congelado desde el sur, a más de 2.500 kilómetros de distancia. Pasó exactamente lo que pronostiqué el año 2009 y por lo que tanto me insultaron. Así es la vida...
El asunto tuvo coletazos, aparte de la inserción en el diario de los pesqueros, algunos me felicitaron y otros cuantos me dijeron que "hasta cuando escribía puras huevadas".
Lo que más me emocionó fue cuando estaba esperando micro en el paradero de 18 de septiembre, un auto que pasaba tocó la bocina y el chofer gritó ¡buena tomasito, dales duro nomás! Me quedé pensando que mejor hubiese ofrecido llevarme a la casa, pero en fin, igual me sentí un micro celebrity.
Algo de eso conté después en mi entrada Más de los jureles. En fin, esa fue la triste historia...






