(Publicado originalmente el 15 de abril de 2009)Un buen comentario de Momo me pone a pensar en nuestra extraña, y algo esquizofrenica, relación con los animales. De partida nosotros mismos somos animales, dudo que alguien pueda negar una cosa tan obvia, aparte de todos los apellidos que le pongamos somos esencialmente animales, nuestra diferencia con ellos es -en mi opinión- solo de grado y no de substancia.
¿Quien puede desconocer el sentimiento al mirar a los ojos a un perro? cuando
me como mi pan con mantequilla y el Beppy se sienta pacientemente a esaperar
que le convide un pedazo, su mirada es más elocuente que si me lo estuviera
pidiendo con palabras. Y cuando le digo en voz muy baja "fuera" para que deje
de molestarme, mientras sale despacio solo le faltan las lágrimas porque su
desilusión es evidente.
Los animales son nuestros parientes, no tengo ninguna duda, pero también los
comemos y los más cercanos, como el chanchito que mencionaba Momo suelen ser
los más sabrosos ¿no es eso ser antropófago?, bueno, tal vez un poco, pero no
tiene nada de raro, lo raro es que nos dé pena comerlos. Porque muchísimos
animales se comen entre sí, es lo más común "el pez grande se como al más
chico" y luego tal vez es comido por una ballena que la cazan unos japs para a
su vez comérsela. Sería extraño que al zorro le diera pena cazar liebres o al
leon le dé pena comerse a las cebras, algo completamente fuera del orden
normal que conocemos.
Es imposible que un ser humano viva sin matar ni un animal en su vida, claro
que puede negarse a comer el cadaver de un primo chanchito o de una prima
vaca, pero no hay ninguna razón natural o lógica tras esto, es solo un
escrúpulo. Y los escrúpulos que todos tenemos son irracionales, no necesitan
ser explicados, simplemente los tenemos, normalmente por razones culturales,
religiosas o morales. Muy pocos de nosotros, tal vez nadie, comería un ratón o
una cucaracha, aunque hayan sido criados en un ambiente muy limpio, a muchos
nos parece asqueroso comer a un perro (aunque yo no creo que tendría problemas
con eso, al menos gatos he comido), ¿por qué son los escrúpulos? no hay
ninguna razón muy lógica, son como el miedo o la verguenza o muchas otras
cosas que nos caen mal sin razón aparente.
Yo por ejemplo le tengo miedo a las alturas, desde my chico, ni muerto me
acercaría al borde del Morro sin protección. Sin embargo cuando me quedé
colgando en la camioneta no alcancé a sentir miedo, estaba demasiado ocupado
pensando que hacer. Tampoco siento ningún miedo en mirar desde la ventanilla
de un avión, ni desde la gran ventana del piso 75 del Empire State, donde
tenía su oficina el señor Wilcheck, sin embargo nunca me he atrevido a tirarme
a la piscina desde un trampolín, ni siquiera desde el de 1 metro, que cosa más
extraña.
Hay gente que le tiene asco a las palomas, las ratas del aire le dicen, yo
felíz me comería unas palomitas doradas en la parrilla, ni un problema, en
cambio le tengo asco al pan mojado. Uno de los peores recuerdos de mi vida es
cuando ví en Chiloé a un viejito que desmigaba un pan dentro de una taza de
café con leche y hacía una especie de budín con la cuchara, de solo escribirlo
me siento un poco enfermo, que cosa más asquerosa. SIn embargo la sopa de
cebolla, con pedazos de pan de molde tostado flotando entre tiritas de tocino
me parece sublime ¿quien entiende el asco?.
Anoche fuimos con Daniel a comer donde Don Floro invitados por Prati y su
señora, íbamos a comer parrillada pero no habían chunchules (tripas de vaca,
cocinadas en olla a presión, arrebozadas en harina tostada, linaza, huevo y
luego fritas) ¿que es una parrillada sin chucnhules? Es como un barco sin
timón, como toro sin su tora, como pelota sin aire. En fin, cada uno pidió su
plato entonces y yo pedí riñones que hace tiempo no comía.
Los riñones son el filtro donde el animal purifica su orina y por más que los
preparen siempre conservan un olor muy fuerte que puede ser desagradable para
algunos, cuando llegó mi plato noté el olor y pensé que tal vez me había
equivocado en pedirlos, venían con papas fritas cortadas en grandes trozos,
arroz y sobre una salsa de vino muy espesa. Cuando le dí el primer mordisco al
riñón.. uhhhh, tenía una textura casi dura, como un loco, pero en el punto
justo. Una explosión de sabores del riñon y la salsa, que cosa más rica por la
flauta. Mucha gente escrupulosa no come interiores, para mi gusto al menos
tienen un sabor mejor que el más fino filete.
Y a propósito
de otro comentario de Ulschmidt de filosofar a la manera griega, me puse a
revisar el asunto ese de los simposios o reuniones de bebedores, resulta que
tengo muchas cosas en común con los griegos, excepto que -afortunadamente- no
se me ha dado vuelta el paraguas, hay muchas otras costumbres interesantes.
Resulta que para hablar de filosofía los griegos no se iban a una aburrida
sala de clases como hacen ahora sino que organizaban un banquete. Y no comían
en mesas y sillas sino que en lechos, comían recostados o completamente
acostados, mientras se emborrachaban con vino para hacer fluir mejor las
ideas. No es de extrañar que así hayan nacido las mayores joyas de la
filosofía ¿como no van a surgir grandes ideas mientras estamos comiendo,
chupando y conversando?.
Todo griego tenía formación musical durante la infancia así es que llegaban a
los simposios con sus flautas, liras o el instrumento que tocaran. Venían
hetairas (chicas alegres, de pago) a entretener a la concurrencia así como
músicos, siempre tenía que haber alguien tocando el oboe, leo en Wikipedia que
el que se portaba mal era obligado a bailar desnudo y que a menudo los banquetes terminaban en medio de la embriaguez general, y las
pinturas de los vasos muestran a mujeres que sostienen y llevan con
dificultad a sus casas a los bebedores en estado lamentable.
Pasan los siglos y todo sigue más o menos igual, anoche terminamos todos medio
cufifos discutiendo asuntos tan filosóficos como inútiles, como siempre, muy
felices para la casa
"en estado lamentable". Será hasta el próximo simposio, hasta mañana.
aquí se dice "chinchulines" o "tripa" y entran en el género general de las "achuras" y si he visto muchos extranjeros que las rechazan en cambio los argentinos se dividen entre los no muy entusiastas y los que muy.
ResponderBorrarSiendo un país con mucha oferta vacuna, uno diría que la gente se dedicaría a los cortes más buscados y dejaría esto para que se exporte a China o se haga harina de carne. En cambio hay cultores de las achuras, se ha desarrollado como un gusto especial. Por cierto, de las achuras un favorito - el mío - son las mollejas. En una especie de vinagreta, bocato di cardenale. Uls
Claro que si las mollejas son riquísimas. Yo creía que eran el equivalente a nuestra grasa visceral pero no es así, acabo de averiguar que en realidad son glándulas alrededor del corazón, estómago o garganta del animal.
BorrarYo las he comido una sola vez en mi vida, cuando fui a Buenos Aires, en el restaurant "Dora", riquísimas, el restaurante familiar también impresionante.
Recuerdo que fue molleja de corazón, se deshacía en la boca ¡un manjar! Nunca las volví a ver, acá parece que no se conocen. En general me gustan todos los interiores con sus sabores muy fuertes. un amigo gringo decía que esa era "comida de negros", que se come mucho en New Orleans, en realidad es comida de origen francés, los franchutes hacen maravillas con las achuras. Ah me dio hambre...