(Publicado originalmente el 28 de noviembre de 2011)Conversábamos esta tarde con Tom Wilke un asunto en el que no había pensado antes: cuan duro debe ser para una persona que ha ganado plata y éxito social en la vida, el momento cuando se aproxima la muerte.
Imagínense,
pensar que todo se va a terminar justo cuando la diversión estaba empezando, el
sentimiento de pérdida por todas las cosas buenas debe ser enorme: los autos,
las mujeres el yate ¡nada se pueden llevar!.
Leo en Wikipedia sobre el extraordinario Huges "Aunque vivió en su propio hogar en California durante muchos años, en un momento dado se dio cuenta de que podía vivir en hoteles, para no tener que declarar al fisco por su residencia.
Howard Huges por ejemplo, un tipo excepcional, genio de las finanzas, aviador
extraordinario, productor de cine exitoso, con buena apariencia, ingeniero
autodidacta, mujeriego que tuvo las mejores minas de su época y como si fuera
poco también fue el hombre más rico del mundo en los setentas.
Huges estaba
acostumbrado al éxito, todo lo hacía bien y para el tener éxito era algo tan
natural como respirar. Sus frases célebres fueron "puedo comprar a todos los
hombres del mundo" y "todo hombre tiene su precio".
Leo en Wikipedia sobre el extraordinario Huges "Aunque vivió en su propio hogar en California durante muchos años, en un momento dado se dio cuenta de que podía vivir en hoteles, para no tener que declarar al fisco por su residencia.
Poco después, la ley cambió, por lo que
cualquier persona que estuviera al menos 180 días residiendo en un estado
cualquiera, debía pagar impuestos por ello. Entonces, Hughes decidió ir
cambiando de hotel y de estado.
Cuando tras su muerte, los estados de
California y Texas trataron de cobrar los impuestos relativos a su herencia,
no pudieron probar que hubiera sido residente legal en ninguno de los dos
territorios.
Además, los directivos de sus empresas no percibían grandes sueldos
mientras estuvieran en el cargo. Demasiados impuestos. Su plan consistía en
que una vez dejaran la compañía, Hughes hacía declaraciones públicas
críticas y ofensivas hacia ellos. Y entonces debían demandarle judicialmente
por difamación. Por supuesto, el magnate perdía los juicios y les pagaba de
ese modo los millones que les debía, ahorrándose otros tantos".
Sin embargo, a medida que fue envejeciendo iba creciendo su transtorno
obsesivo-compulsivo, así como la microfobia (terror a los microbios). Me
imagino que terrible debe haber sido el momento de la última batalla, en que
se dio cuenta que se iba a morir y no podía evitarlo, y que todos sus grandes
triunfos no iban a valer nada después de estirar la pata.
Los pobres en cambio ven la muerte como un alivio a los problemas, bueno no
todos, porque cuando se murió mi tía favorita yo estuve observando todo el
proceso y creo que no le hizo la menor gracia, más bien me pareció que estaba
aterrorizada, pero es que ella era una persona muy nerviosa.
En todo caso lo
racional para un pobre es morirse con alegría ¡no más cuentas por pagar, no
más problemas!. Ya lo ven, no es tan malo ser pobre.
Otro problema de los ricos es que el momento de la muerte se lo estiran como
un chicle, pueden pasar años en tratamientos dolorosos o molestos.
Mi amigo el
Pepe que un año antes de morirse estuvo muy cerca con un infarto, me contaba que
lo peor del hospital no era ni el dolor ni las inyecciones sino la
incomodidad: pasar horas y horas en una mala postura sin poder moverse.
Sin
nada que hacer excepto pensar estupideces o lo peor de todo, con un tubo en la
garganta, me decía que eso si que era la peor tortura que había pasado, no por el dolor, sino por la
incomodidad extrema. Ni pensar en poder dormir con un tubo en la garganta.
El rico va al doctor y se examina regularmente para que le detecten temprano
cualquier problema, claro que eso no ayuda mucho porque pasan atiborrados de
medicamentos, tratamientos y dietas, curando enfermedades que tal vez se les
revertirían solas sin llegar a saber que las tuvieron.
Al pobre cuando le
detectan una enfermedad ya es demasiado tarde y si tiene suerte se muere en un
par de días como pasó con mi gran amigo Sixfinger, si Dios premia a los buenos
-cosa que dudo- creo que ese sería uno de los mejores premios que existen.
En fin, para que aferrarse tanto a la vida o a la fidelidad, si la Ley de
Hierro de Bradanovic es clarísima:
"de los cuernos y de la muerte no se salva NADIE", lo mejor es no tener nada aparte de problemas porque como dice el dicho
"todo problema tiene solución en esta vida menos la muerte, que es la
solución para todos los problemas".
Ah, que fúnebre ando hoy, no se extrañen si estiro la pata inesperadamente,
sería una gran suerte porque los buenos le tenemos miedo a las enfermedades,
no a la muerte.
esto me hizo recordar cuando fui a una comida de compañeros de la universidad, comimos y tomamos como chancho, ya habían pasado las doce de la noche, nos quedamos conversando con algunos bajativos, en eso me viene un grito de dolor, pensé que me estaba moriendo, la fractura de nariz, la de rodilla y muchos otros problemas, era cuento infnatil al lado de ese dolor que sentía, de los 16 curados, llegué con unos 12 a la clínica, todos contando chistes los pelotudos, y yo lloraba de dolor, tipo 2 de la mañana me hacen un examen, la galla me muestra la pantalla, no veía nada, "cálculos de vesícula", me dice, pero con el estado etílico en que te presentas y la irritación que tienes por tanta grasa, no te podemos operar hasta unos días más, tendrás que aguantarte, así fue, al otro día me tuvieron tomando solo agua, el cirujano se apiadó, me operó al segundo día, eso de hospital es terrible, espero no caer otra vez
ResponderBorrarMe comentaba el otro día el doctor Renato Aguirre que no existe dolor más terrible que el de los cálcilos. No se lo doy a nadie, yo no tenfo miedo a morirme pero si soy muy cobarde al dolor, eso si que no lo aguanto nada bien
Borrar"La muerte está tan segura de vencer, que nos da toda una vida de ventaja"
ResponderBorrarjaja, o la vida es como caerse desde cierta altura, estamos vivos hasta que llegamos al suelo, hay que puro disfrutar la caída mientras dure
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