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15 enero 2011

Durrell y Bradbury

De vez en cuando un gesto rápido, veloz como la lengua de un camaleón, señal casi imperceptible para quien no está prevenido. Entonces sale furtivamente de la terraza una figura en seguimiento de la mujer señalada. A veces sus agentes detienen e importunan abiertamente, en su nombre, a una mujer en la calle, ofreciéndole una suma de dinero. Ën nuestra ciudad nadie se ofende por eso. Algunas muchachas se limitan a reír. Otras aceptan inmediatamente. Pero nunca se advierte un gesto de ofensa. Entre nosotros no se finge la virtud. El vicio tampoco. Ambos son naturales.
(Justine, El Cuarteto de Alejandría, Laurence Durrel)

La tarde de viernes está calurosa, pero corre una brisa muy rica. En mi peak de aburrimiento pensé en Alejandría y me acordé del libro Justine de Laurence Durrell, me dieron ganas de leerlo de nuevo. Pero una vez presté la casa rodante donde tenía toda mi biblioteca y los libros no los vi más, me aseguraron que estaban bien guardados pero igual no los volví a ver. Bah, para eso está Internet, no me demoré nada en bajar el libro y leerlo otra vez. Antes de Internet perder mi biblioteca habría sido una tragedia.

La novela de Durrel es extraordinaria y siempre me han pasado cosas raras con ella, llegó a mis manos de una manera extraña y años después la volví a encontrar sobre una estufa, en la oficina de un burócrata menor del Ministerio de Justicia de Santiago, bueno, son cosas interesantes para mí nomás, no veo como podría contarlas. Es una serie de cuatro libros pero Justine es -para mi gusto- el mejor de todos.

Retrocedo paso a paso en el camino del recuerdo para llegar a la ciudad donde vivimos todos un lapso tan breve, la ciudad que se sirvió de nosotros como si fuéramos su flora, que nos envolvió en conflictos que eran suyos y creíamos equivocadamente nuestros, la amada Alejandría.

Ah que novela más buena, cada vez que leo algo sobre el norte de Africa me acuerdo de este libro, igual que de La Peste de Albert Camus y lo relaciono con Arica, somos igualito a Casablanca o Alejandría, lástima que no tenemos un Kafavis para que nos cante.

Ando enojado porque me deben plata, cuando tomé desayuno el pan se me atragantaba en la garganta pensando que me deben plata, lo mismo al almuerzo, anoche no podía quedarme dormido, es algo que me molesta más que una espina en el pié. Igual que cuando duele una muela y uno la mueve con la lengua a cada rato para ver si todavía sigue doliendo. No voy a dormir tranquilo hasta que me paguen, o hasta que me convenza que no me van a pagar. Aunque sea un peso o varios millones, el malestar sordo es el mismo.

No se trata de plata prestada, muchas veces he prestado plata y jamás espero que me la devuelvan, porque desde el momento que uno presta se tiene que olvidar, como decía mi amigo el Pepe los favores son gratis. Pero muy distinto es cuando hago un trabajo, convenimos un precio y cierta fecha y no me pagan. Para mi ese es el peor insulto. Diablos, si no me pagan, la terrible y eficiente maldición gitana de los Bradanovic caerá sobre sus cabezas, aun contra mi voluntad, es inevitable, después no se quejen. Podría contar historias terribles al respecto.

Había dejado de leer a Ray Bradbury hace años, antes me gustaba muchísimo pero me terminó apestando con esos malditos cuentos de ciencia ficción, ahora estoy empezando de nuevo. Junto con bajar Justine encontré Zen en el arte de escribir, es un buen libro donde cuenta como ese asunto de escribir algo todos los días se pasa a convertir en una necesidad. Como sé que muchos de los habituales de este Club de Ociosos les gusta leer y tal vez escribir les dejo este link para que lo bajen, léanlo si quieren perder un buen rato haciendo nada como corresponde a la gente de bien que no se preocupan por asuntos pedestres. Además miren que buena esta linea que encontré:

No digo que haya vencido, pero cuando fui a colgar los guantes, tenían manchas de sangre.
(Ray Bradbury, Zen en el arte de escribir)

Me gustó la frase, hasta mañana.

PD. Ah, se me olvidaba el cambio de gabinete

Bueno, cambiar a autoridades es una especie de derrota, el reconocimiento que eligieron mal o algo así. Yo creo que los gobiernos deberían ser bien conservadores en ese sentido a menos que los pillen robando. A propósito lo del puente de Concepción siempre me pareció medio trucho ¿por que negarse a la ley de transparencia invocando un legalismo? me parece raro e innecesario, no había nada de seguridad nacional involucrado. Me recordó un caso parecido con SERLOG, una empresa super rara que hace contratos con el Ejército y también negaron el acceso a la información pública en un caso parecido ¿estarán haciendo negociados? Si se niegan a entregar información en esas circunstancias, la pregunta parece muy válida.

Pero los cambios yo los veo como una reacción medio histérica por la baja de popularidad. Muy difícil la situación de Goldborne que está pagando el precio de la fama: del gobierno le piden ropa prestada y le exigen que gaste su capital de aprobación apoyando causas impopulares, desde la oposición buscan mil y una maneras de botarlo. Francamente no lo envidio.

Los cambios en Energía, Transportes y Trabajo los encuentro innecesarios, reacción histérica nomás, mala señal del ejecutivo. Ahora si, hasta tomorrow.

17 febrero 2009

Durrell, Kavafis, Alejandría


Conocí la poesía de Kavafis gracias a El Cuarteto de Alejandría, novela de Laurence Durrell, que encontré por casualidad una vez que buscaba libros usados: me llamó la atención el título, pensé que era algo pornográfico así es que lo compré a ojos cerrados, en verdad el libro es bien depravado pero nada pornográfico. Me causó una gran impresión cuando lo terminé de leer, lo tuve conmigo muchos años y lo releía siempre, especialmente en los años que estuve viviendo en la casa rodante.

Una vez andaba en el Ministerio de Justicia en Santiago, en el viejo edificio del seguro obrero. El tipo con que tenía que hablar era la encarnación del burócrata bruto y gris, y en cuanto entré a su oficina, encima de una estufa ví la novela abierta en medio. No le comenté nada pero fue como reconocer al compañero de un club secreto o algo así, me imaginé que estaba frente al mismísimo Kavafis criollo. Otra vez una señora bien majadera, me comentó su admiración por el libro, como tengo la manía de sacar moralejas, mi moraleja fue que nadie es perfecto, ni siquiera los perfectos idiotas.

Durrell era un gran admirador de Kavafis y la obra de ambos está construída alrededor de la ciudad de Alejandría, no es muy original que una novela tenga como protagonista una ciudad, lo hizo Camus en La Peste y muchos más, pero el Cuarteto está endiabladamente bien escrito y es un festín para los críticos o comentaristas de libros. Yo no lo voy a comentar, solo quería contarles como lo conocí, es una serie de cuatro novelas y cualquiera se puede leer independiente como hice yo con Justine, la primera de ellas.

La ciudad

Dices: "Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
Y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".

No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.
(K. Kavafis)

Es curioso el contraste entre la descripción que hace Durrell del viejo poeta y la personalidad real de Kavafis, un burócrata oscuro, homosexual al que probablemente nadie reconoció mucho en vida. Sin embargo escribía con una naturalidad, precisión y belleza que todo lo que hacía parecía fácil. Durrell también escribe mucho sobre Alejandría en El Cuarteto:

"La ciudad que se sirvió de nosotros como si fuéramos su flora, que nos envolvió en conflictos que eran suyos y creíamos equivocadamente nuestros, la amada Alejandría"

Que buenos escritores, no necesitaron idealizar nada, un amor genuino no cierra los ojos frente al lado oscuro, lo acepta como cuando quieres a un hijo tonto, sin condiciones. Seguro que así quisieron Kavafis y Durrell a Alejandría

"En esencia, ¿qué es esa ciudad, la nuestra? ¿Qué resume la palabra Alejandría? Evoco enseguida innumerables calles donde se arremolina el polvo. Hoy es de las moscas y los mendigos, y entre ambas especies de todos aquellos que llevan una existencia vicaria.

Cinco razas, cinco lenguas, una docena de religiones; el reflejo de cinco flotas en el agua grasienta, más allá de la escollera. Pero hay más de cinco sexos y sólo el griego del pueblo parece capaz de distinguirlos. La mercadería sexual al alcance de la mano es desconcertante por su variedad y profusión. Es imposible confundir a Alejandría con un lugar placentero. Los amantes simbólicos del mundo helénico son sustituidos por algo distinto, algo sutilmente andrógino, vuelto sobre sí mismo. Oriente no puede disfrutar de la dulce anarquía del cuerpo, pero ha ido más allá del cuerpo. Nessim dijo una vez, recuerdo —y creo que lo había leído en alguna parte—, que Alejandría es el más grande lagar del amor; escapan de él los enfermos, los solitarios, los profetas, es decir, todos los que han sido profundamente heridos en su sexo."

Y eso era, conocí la novela de Durrell por pura casualidad. Quien sabe cuantos libros buenos no los voy a conocer nunca, así es que comparto el secreto con ustedes, si tienen la oportunidad de leer El Cuarteto de Alejandría aprovéchenla y no se van a arrepentir.

Leer a Kavafis es mucho más fácil, Internet está lleno de sus poemas porque es una especie de icono para los gay, casi todo lo suyo debe estar disponible en Internet aunque -como Kafka- no publicó ni un solo libro en su vida. Bueno, Kafka publicó unos pocos pero ese es otro cuento. En fin los dejo con este, que es de los mejores:

El Camino a Ithaca

Cuando partas hacia Ithaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu
/ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, - tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.

Lleva a Ithaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Ithaca te recompense.

A Ithaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Ithaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Ithacas.
(K. Kavafis)

P.D. A todo esto hace exactamente 6 años y 1 día dejé de poner comentarios en mi página de actualizaciones y comencé a escribir en mi weblog de Blurty (16 febrero 2003), desde entonces llevo algunos miles de notas diarias sobre casi cualquier tontera que se me ocurra: sacar a mil, sacar a mil ¿quien dijo que el ocio no es fecundo? ¡Feliz cumpleaños weblog!