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15 mayo 2008

La selva de cemento

Acabo de subir el capítulo 3 de mi Aventura en la Selva, y ahora que ha pasado algo de tiempo puedo pensar un poco en la influencia de la geografía sobre la vida de las personas.

En la selva me encontré con muchas cosas que no me imaginaba. Por ejemplo la gran similitud con las grandes ciudades. A mi el diminuto pueblo de Mazuko me recordó en muchas cosas a mi breve pasada por Nueva York en los ochentas, el nombre de selva de cemento me parecía un poco cursi pero en verdad que existen muchas cosas parecidas entre la selva y las grandes ciudades.

La aglomeración y los espacios pequeños donde todos viven dándose codazos son característicos en la selva como en las ciudades grandes, el ruido estridente de día y noche, la competencia fiera por sobrevivir que desarrolla serpientes, mosquitos venenosos, jaguares, caimanes, pirañas y toda clase de depredadores que se comen entre ellos tiene una clara equivalencia con las pandillas y los delincuentes de las grandes ciudades.

Me contaba Willy, que una vez estuvo en el monte, la verdadera selva donde se internan por un mes o más a recoger castañas, y que era un lugar espeluznante especialmente por las manadas de jabalíes salvajes que van arrasando todo a su paso con la ventaja del número, cualquier hombre o ser vivo que se les cruze tiene la muerte asegurada. La analogía con las pandillas es clara, donde un tipo aislado no vale nada pero la manada es muy peligrosa.

Igual que los rascacielos en las ciudades, la selva crece hacia las alturas debido al amontonamiento, los árboles crecen 50 metros o más buscando la luz del sol y cuando alguien se interna en esos bosques -si es que puede internarse porque muchos son impenetrables- la oscuridad es absoluta todo el año, jamás se ve la luz del sol. Bueno, en la 5ta Avenida llega el sol pero la sombra e los rascacielos es bien claustrofóbica.

En fin, eso quería decir, sobre la tremenda diferencia entre la selva y el desierto. Me decía Vidal, un amigo de Puerto Maldonado que trabaja la castaña, que la selva le quita energía a las personas, que caminar unos pocos metros es como andar kilómetros en cualquier otra parte y por eso la gente de allá era más lenta y floja. Yo debo ser selvático entonces. En todo caso los ariqueños tenemos desierto y somos igual de flojos así es que no creo mucho en esa teoría.

La conclusión que saqué del viaje es algo que ya sabía hace tiempo: en Arica es como vivir en el paraíso en la tierra. No hay ruidos, ni bichos venenosos, ni animales peligrosos, ni caminos que se derrumban, sobra espacio y el clima es templado, no existe el peligro que te parta un rayo y las enfermedades infecciosas que se pueden contraer son contadas con los dedos de una mano. Dudo que exista en el mundo un lugar más bucólico y aburrido que Arica.

Los lugares buenos para vivir son aburridos y los lugares buenos para visitar son peligrosos, un poco de emoción y adrenalina son buenos de vez en cuando. Agregué a mi lista de lugares lindos para visitar a Puerto Maldonado, tal vez también a Cusco pero no tanto por las ruinas sino como un lugar donde ir a pasarlo bien, una ciudad buena para el carrete. Otros lugares que considero lindos para visitar son Santa cruz de la Sierra, Mendoza, Bariloche y Hong Kong, a todas esas partes me gustaría volver a visitar con un poco de plata.

Pero a la hora de elegir un lugar donde vivir no cambio a Arica por nada, con todas sus limitaciones y miserias creo que no existe en el mundo un lugar mejor que nuestro soñoliento y aburrido pueblucho.