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02 marzo 2008

Faranduleando

Como muchos de quienes frecuentan este Templo del Ocio no viven en Chile, a veces se quedan perdidos cuando uso palabras de significado local que no encuentran en ningún otro lado. Es un problema que trato de evitar pero no siempre se puede, la palabra flaite por ejemplo es difícil de evitar hablando de Chile, lo mismo pasa con farándula, algo que todos los que vivimos acá entendemos, no así quienes viven afuera. Veamos la historia.

Hace unos 10 o 15 años atrás -espero no equivocarme en las fechas- la televisión en Chile era bien restringida y tenía códigos más o menos estrictos: nunca se decían expresiones groseras en cámara, no se comentaban los programas o figuras de los canales de la competencia, no se mostraba sexo explícito y los canales se cuidaban mucho de caer en el delito de injurias, que podía significar un fuerte daño para la imagen comercial. Los canales de televisión eran empresas grandes, conservadoras y le tenían fobia al escándalo.

En algún momento esto empezó a cambiar cuando aparecieron programas argentinos, donde la televisión ya era mucho más liberal, dedicados específicamente a captar audiencia por medio de escándalos en cámara: injuriando, usando expresiones groseras y -en general- transgrediendo las normas. Esa era la novedad: pasarse de la raya.

Como los chilenos somos genéticamente copiones, al poco tiempo empezaron a aparecer los clones en Chile, primero en programas de bajo presupuesto de canales chicos. A mi me llamó mucho la atención años atrás cuando -en el canal Chilevision, creo- Empezó un programa de Enrique Morandé, que ya ni recuerdo como se llamaba, era una especie de Noche de Aficionados de bajo presupuesto donde escuché por primera vez en cámara algunas palabras groseras. En el mismo canal estaba Extra Jóvenes que también tímidamente se pasaba de la raya de vez en cuando. Eran programas distendidos y novedosos, un poco pasados para la punta, como decimos en Chile, que tuvieron mucho éxito.

Los canales grandes no se demoraron nada en fichar a esos animadores -que hoy son parte del jet-set de la televisión criolla- y reemplazar sus antiguos, soporíferos y acartonados programas estelares con una versión de mayor presupuesto que gradualmente fue incrementando la grosería y el uso de "artistas" de la calle: cómicos del Paseo Ahumada que de semi mendigos pasaron a ser estrellas de la tele.

Fue divertido ver por un tiempo a la Miss Universo riéndose de la rutina de un humorista de la calle, que superaban su falta de ingenio con chistes infantiles y abundantes de grosería. Fue un acierto porque -como escribí unos días atrás- si algo nos une a los chilenos es que todos somos ordinarios y groseros cuando estamos en confianza. Seguramente por eso los flaites causan tanto desprecio, porque son una caricatura de los que somos todos nosotros en el fondo: flaites.

Esa fue como una segunda etapa de los programas nacionales de television, el uso creciente de chistes y expresiones groseras y la incorporación de flaites a la pantalla, que se codeaban con los rostros más tradicionales. Al poco tiempo muchos de estos rostros tradicionalesse revelaron también como flaites, pero con más plata. Otros empezaron a quedar atrás hasta que desaparecieron: Javier Miranda, Sergio Livingstone , César Antonio Santis y otros que habían cultivado la imagen del "caballero" con más o menos éxito, fueron desplazados por los flaites new age como Alvaro Salas, Quique Morandé o Camiroaga.

Durante un tiempo se empezaron a incorporar personajes raros, que eran exhibidos como fenómenos de circo, creo que el más emblemático de esos fue el esteticista Gonzalo Cáceres icono de lo chocante. Otros homosexuales que habían sido perfectamente normales en cámara, se vieron obligados a "confesar" aparatosamente su condición para no quedar fuera de competencia y así se unieron al circo freak que les permite ganarse la vida más o menos bien. Otra evolución netamente televisiva ocurrió con actores profesionales, que se dedicaron al humorismo imitando las rutinas básicas, groseras y repetitivas que llevaron al estrellato a los cómicos-flaites: Yerko Puchento, Kramer, Salomón y Tutu Tutu y tantos otros todavía se ganan la vida en eso.

Después apareció la opinología, que eran programas donde ponían a varios desconocidos, sin nada que perder a opinar sobre distintos temas, especialmente de la farándula que era la suma de todos los cómicos flaites, imitadores de flaites, futbolistas, modelos, animadores, y los propios opinólogos. La farándula es una especie de ecosistema que se alimenta auto generando escándolos internos, groserías, injurias y querellas.

La farándula es atractiva porque representa el triunfo económico de don nadie, gente que por un golpe de suerte salió elegida en un casting, que se hicieron populares u odiados en un reality-show, gente de toda clase pero con el común denominador de ser pobres diablos con suerte. Ese es el Sueño Americano de los chilenos: salir elegidos en un casting y ganar plata sin necesidad de hacer nada extraordinario, como está repleto de pobres diablos la gente se identifica y sufre con ellos, los sigue con pasión porque son gente como uno.

Entonces la gente de las poblaciones se refiere a ellos como el Kike, el Felipe, el Yerko, los quieren de verdad porque es como si los conocieran de toda la vida, son como ellos mismos. Ninguna figura de la televisión antigua tuvo jamás ese grado de afecto -con la excepción de Julio Martinez tal vez- pero ni Raul Matas, ni Vodanovic, ni Javier Miranda, ninguno de esos estuvo el corazón de la gente como hoy están estos.

Por supuesto nada de esto es un invento nacional, hay que buscar con microscopio una idea original chilena en estos tiempos, somo los chilenos copiones nomás, como siempre con mucho retraso. Howard Stern lo hizo en USA hace décadas, ni los reality ni llevar a pobres diablos a la pantalla, ni la cultura de las celebrities son inventos chilenos. Imposible. Si se fijan usé la palabra grosería o grosero en casi todos los párrafos, no es que se me haya pasado, a lo que quería llegar es a que farándula = groseros.

25 julio 2007

El negocio del espectáculo

Justo cuando me había sentado para escribir mi entrada de hoy, recibí un llamado de mis amigos Viera, Pratti y Cheché desde el muy noble y tradicional restaurant Don Floro; habían llegado recién y estaban pidiendo una parrillada así es que convocaban mi presencia. Estaba sin auto pero como tenía ganas de comer les dije que me esperaran y bajé caminando como buen pobre, tan rápido que llegué antes que la parrillada apareciera en la mesa.

En fin, llegó el plato con lomo, filete, prietas, chunchules, chorizos, ubre y chuletas, acompañado de papas fritas, arroz y ensalada. Dos botellas de vino para pasar el colesterol y quedamos tiki-taca, ahora que ando pobre soy peligroso con un tenedor y cuchillo en la mano, así es que comí por diez. Finalmente dos rondas de piscola de bajativo y cada cual para su casa. Ahora -medio cufifo- estoy pensando que diablos voy a escribir hoy.

Y la verdad es que no tengo idea si con mis neuronas medio embotadas en alcohol, como las tengo ahora, se me va a ocurrir alguna cosa medianamente cuerda. Me acuerdo cuando estudiaba en Inacap para Técnico Electrónico, habíamos terminado y nos quedaban solo los exámenes finales, nos encerramos durante dos días a estudiar en la casa del chango Vargas, porque venían los profesores de la Universidad Técnica Federico Santa María a tomar los exámenes, con una aterorizante reputación de gurkas. La cosa es que pasamos dos días encerrados estudiando, sin dormir y un par de horas antes del exámen tuvimos la idea de tomarnos unas cervezas para pasar los nervios, pésima idea, fueron muchas mas que un par y yo llegué a dar el exámen completamente borracho, una de las peores experiencias de mi vida. Menos mal que aprobé.

¿De que diablos podría escribir hoy? ya sé, los que viven en Chile sabrán que la noticia del día fué el recibimiento de la selección nacional de futbol sub-20, Los recibió la presidenta en el palacio de La Moneda, se asomaron a los balcones como héroes populares y más de 3.000 idiotas se juntaron para vitorearlos como si hubiesen ganado una guerra.

Esto lo escribí en el blog de KarenVon pero no importa, lo comentaré de nuevo. Desde mi punto de vista esos tipos no son deportistas sino que trabajan en el negocio del espectáculo, un negocio que ha ido creciendo en el país de manera increíble. No me vengan con que los niños deportistas, los únicos deportistas son los que se juntan a jugar a la pelota después del trabajo, o los fines de semana, o los que salen a trotar en la mañana, estos tipos son trabajadores del espectáculo igual que las modelos (por eso los futnolistas se casan con modelos, son en cierto modo colegas), la gente de la tele, etc.

El espectáculo del deporte es un enorme negocio, alimentado por una multitud de losers que a falta de méritos propios, sufren y gozan con los méritos ajenos. Se alegran y salen a gritar ¡ganamos! cuando los actores ganan algún inútil partido o se ponen a llorar cuando pierden. Es una especie de vida prestada, donde se vibra con lo que le pasa a otros sin tener real participación en el asunto. Entonces se interesan en la vida de sus ídolos, se preocupan por los romances, rupturas, llegan a quererlos como a su otro yo. Es un asunto mundial, en esto de la cultura de las celebridades no hay mayores diferencias entre países subdesarrollados y desarrollados: losers hay en todas partes y son muchísimos.

El negocio del espectáculo mueve billones, la gente paga por ir al estadio, o compra los productos que usa su ídolo, o se hacen socios del club de sus amores para vivir estas extrañas vidas prestadas que son un clon de la propia realidad. Lo peor de todo es que el espectáculo ya llegó -hace muchos años- a la política; políticos y parlamentarios se unieron a esta inmensa soup opera que desde hace algún tiempo llaman la farándula. El senado y la cámara de diputados son como set de televisión donde todos los días los actores juegan sus roles para entretener a su público: en lugar de pagar entradas o comprar productos pagan con su voto, que otorga el poder político a los mejores actores.

No tiene nada de raro que la presidenta haya recibido como héroes a los futbolistas, en verdad son colegas del mundo del espectáculo, su negocio es la entretención y todos ellos se enriquecen a costillas de los giles que, si hacemos una encuesta en un 99% dicen odiar la farándula, pero si vemos los hechos estos mismos son los fieles seguidores que hacen posible que los vivarachos obtengan plata y poder político. Ya lo decían los romanos: pan y circo para el pueblo. Y mejor no escribo más porque estoy medio cufifo y esta vez ni me molestaré en subir un slide show, me voy a dormir ipso facto. Hasta tomorrow.