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03 diciembre 2011

Temporada de playas


Eso, inauguré la temporada de playas. Hacía como 5 años que no iba a El Laucho así es que hoy invité a Tom McDonnell y Tom Wilke para que lo conocieran, el Club de los Tomás se fue en pleno a la playa previo consumo de un pitcher de cerveza.

Todo muy bien, me encontré con amigos que no veía desde hace años tomando sol exactamente donde mismo estaban en el año 2006 fue como la máquina del tiempo congelado, allí estaban Johnny de la Corte de Apelaciones con su señora, más allá estaba Cindy mi amiga de tantos años y cuando tomaba la micro de vuelta me encuentro con el vendedor de helados ¡son los mismos de siempre!.

Se gastaron un par de millones de dólares en arreglar la playa, no creo que haya valido la pena el gasto y quien sabe cuanto se robaron, pero al menos hasta el momento se ha ampliado la superficie de baño y habilitaron un sector con más arena en la punta. Aparte de eso está todo más o menos igual. Si lo hubiesen hecho gente honrada estoy seguro que habrían gastado menos de la mitad de la plata pero que diablos, estamos en Arica.

Tomé sol hasta quedar como jaiba y no pude aguantar la tentación de meterme al agua, estaba perfecta y de haber andado solo me habría bañado mucho más, en fin, creo que voy a volver de todas maneras, mis amigos también quedaron muy entusiasmados. Después volvimos a tomar otro pitcher al centro y nos fuimos cada uno para su casa. Las fotos pueden verlas aquí.

Por fin estoy empezando a escribir mis artículos, empecé con el paper sobre el agua pero también estoy haciendo una interesante investigación sobre la deserción de los alumnos en la Universidad de Tarapacá. El problema de la deserción universitaria se está empezando a estudiar fuerte desde hace unos 20 años más o menos. Antes de eso no era gran problema, porque se partía de la base de un modelo de universidades elitistas y estatales. Mientras más alumnos perdían la carrera más prestigio tenía la universidad.

Racuerdo por ejemplo la Universidad Técnica Federico Santa María que tuvo la reputación durante muchos años de preparar a los mejores ingenieros del país, donde tenían tasas de fracaso de hasta el 80%. Claro, eso era posible cuando más o menos el 7% de los estudiantes que terminaban la enseñanza media ingresaban a la universidad y las matrículas eran tan bajas que nadie se preocupaba si 8 de cada 10 no terminaban, al contrario, un alto fracaso era equiparado a formación de buena calidad.

Las universidades tradicionales eran tan pocas y no enfrentaban ninguna competencia, así es que se podían dar el lujo de hacer lo que se les antojara. Cuando se abrió la puerta para las universidades privadas en Chile, en 1980 la situación cambió dramaticamente.

La primera reacción de todas las universidades fue bajar las exigencias, pero se produjo la paradoja que mientras más se bajan las exigencias mayor es la deserción. Las carreras más exigentes como medicina o física tienen las tasas de deserción más bajas. Además las universidades de poca exigencia se empezaron a desprestigiar aceleradamente. Hoy la exigencia -según estudios en Chile- es mayor en universidades privadas que en las estatales.

Al estudiar la deserción se han hecho modelos psicológicos que estudian características personales como la resilencia y perseverancia, otros modelos sociológicos estudian si el alumno se adapta o no a la universidad, modelos economicistas que suponen que los alumnos abandonan luego de hacer cálculos costo-beneficio y desde luego, están los que fracasan académicamente.

Pero ocurre algo muy curioso y es que prácticamente en todo el mundo la deserción es más o menos la misma, solo alrededor del 50% de los que entran a la universidad llegan a graduarse, no importa que diferentes sean las situaciones económicas, los métodos de enseñanza, la gratuidad, etc. en casi todo el mundo la deserción es más o menos lo mismo. Incluso hay estudios en USA desde los años 40 que muestran que la deserción se mantiene exactamente igual a través de las décadas.

El problema de la deserción no es solo de los alumnos. Ni siquiera el fracaso de los alumnos es lo más importante, lo peor es la inmensa cantidad de dinero que se va a la basura cada vez que un alumno universitario fracasa. Una carrera incompleta tiene muy poco valor económico, especialmente porque los primeros años, donde la mortalidad es mucho mayor, solo se enseñan ciencias básicas, sin valor para la vida laboral. Por otra parte, el costo de la educación universitaria sube cada año, debido a que aumentan las regulaciones, exigencias y la oferta todavía es bastante monopólica.

Entonces tenemos que a lo menos la mitad de los estudiantes que entran a la universidad pierden una gran cantidad de plata, esa plata, ya sea pagada por el estado en un esquema de universidades "gratis" o pagada por los alumnos, o financiada por créditos, al final es mayoritariamente pagada por las personas de la clase media hacia abajo, quienes son los que pagan el grueso de los impuestos. O en el mejor de los casos por los propios alumnos que fracasaron, del bolsillo de sus padres.

¿Como solucionar ese agujero negro donde se derrocha una enorme cantidad de millones? Ya vimos que se ha probado con bajar las exigencias y no funciona, mientras más se bajan las exigencias menos estudian los alumnos. Si se suben las exigencias tampoco sirve porque muchos alumnos simplemente no son capaces de cumplir y terminan con fracaso académico.

¿Que hacer entonces? Para mi es claro que ingresa a la universidad mucha gente que jamás debió ser aceptada, la universidad masiva tiene un problema estructural que implica pérdidas millonarias de plata, la idea de universidad para todos y que la educación superior es el medio para igualar socialmente a las personas es absurda y trágicamente equivocada.

Estaba leyendo un paper sobre la situación en Alemania, uno de los pocos países con baja tasa de deserción, donde al parecer resulta más fácil graduarse. Decía que a mediados de los años setenta era tan grande la cantidad de profesionales universitarios que la mayoría empezaron a ser subempleados. Los jóvenes entonces comenzaron a estudiar masivamente en escuelas vocacionales o aprender oficios por su cuenta, pero después de unos años se dieron cuenta que para obtener incluso trabajos menores había que tener un título universitario y se vieron forzados a entrar nuevamente a estudiar después de varios años.

Esa es una situación tragica en términos humanos y económicos, lamentablemente por culpa de las ideas de "universidad para todos" para allá es adonde vamos.