
Me entretuve este domingo leyendo los asombrosos detalles del juicio de Víctor Pey y la Fundación Salvador Allende en el CIADES contra el fisco de Chile por la expropiación del diario Clarín. Muchos antecedentes de este juicio aparecen an la web de clarinchile.cl y aunque es evidentemente parcial a lo planteado por don Víctor Pey revela muchos detalles sobre los manejos económicos en los años de la Unidad Popular.
En pocas palabras, el diario Clarin era el de mayor circulación en Chile al momento de asumir Allende en 1970 y a medida que los problemas de su gobierno crecían el presidente empezó a adquirir medios de comunicación por medios que -de hacerlos hoy- lo podrían haber llevado a la cárcel.
El Servicio de Impuestos Internos solo fiscalizaba de la clase media hacia abajo en esos años y así fue como Allende -que ostentaba de no tener fortuna personal- adquirió la Radio Portales a la familia Hirmas, a vil precio en una negociación cuyos detalles nunca se hicieron públicos. La Portales era la radio de mayor sintonía en años en que la televisión tenía muy poca cobertura y pasó a ser cabeza de un conjunto de radios afines a la Unidad Popular conocidas como La Voz de la Patria.
Pero el Clarin eran palabras mayores. El diario popular era lejos el medio más influyente del país en asuntos políticos, fue financiado por el presidente Ibañez en su último mandato como diario de trinchera y el dueño era el chileno-boliviano Darío Saint-Marie Soruco, el gran Volpone que era el tipo más poderoso de la política nacional. Saint-Marie casi siempre estaba del lado de los ganadores pero en 1972, de manera inexplicable se va del país dejando como apoderado a don Victor Pey a cargo del diario con plenos poderes. La historia popular dice que Allende amenazó de muerte a Volpone si no le entregaba el diario y se iba del país.
Al poco tiempo, desde España Saint Marie anuncia que se desvincula completamente del diario y que vende todas sus acciones a don Victor Pey, asesor financiero y amigo íntimo de Allende en US$ 1,280,000. Un millón de dólares en los años setenta era una fortuna enorme, en 1973, poco antes del golpe, las reservas totales del Banco Central de Chile eran de 3.5 millones de dólares, para que se hagan una idea.
Poseer dólares por parte de particulares estaba prohibido, era un delito grave, así y todo aparece don Víctor Pey transfiriendo más de un millón de dólares cash a Saint-Marie por la compra de todas las acciones del Clarin ¿de donde sacó la plata y como tenía esa cantidad de dólares? Eso es lo que hasta hoy nadie ha podido explicar.
La explicación lógica -la única racional que existe- es que don Raul Pey actuó como palo blanco, testaferro u hombre de paja del presidente Allende, quien obtuvo esos dólares quien sabe de donde. Es muy probable que su otro asesor financiero, el entonces joven Joan Garcés, sepa de donde salieron los verdes, pero se guardará muy bien de decirlo, porque es abogado en el juicio y también va en la parada.
El juicio contra el estado chileno es lo más sorprendente que he leído, una demanda ante el CIADE reclamando por la protección ¡a la inversión extranjera! Resulta que después del golpe don Víctor se fue para España y renunció a la nacionalidad chilena, entonces entabló el juicio haciéndose pasar por inversionista español despojado por una expropiación del estado. Lo ridículo de todo esto es que el millón de verdes jamás vino de España ni mucho menos y lo más probable es que se lo hayan afanado del tesoro público chileno o fuese producto de alguna mega coima generada en nuestra dulce patria.
La tinterillada se completó cuando la Fundación Salvador Allende contrató a una empresa de contadores españoles Alejandro Arraez y Asociados, que al parecer estudiaron valorización contable según el modelo de las cuentas del Gran Capitan, el estudio, que es una obra maestra del humor y la contabilidad creativa, se puede ver aquí y concluía que el valor presente de la empresa era más de 397 millones de dólares.
¿En que habrá terminado todo el cuento? Lo último que supe, el año 2008 creo fue que el CIADE les había concedido una indenmización de 19 millones de dólares, que descontando los gastos, puede que a la Fundación Salvador Allende le quede plata para organizar una comida que les sirva para pasar las penas. La nada misma en relación a lo que pretendían.
La moraleja es que Allende de no haberse suicidado pudo haber terminado preso por lavado de activos. Y los gobiernos de la concertación deben haber tenido el tremendo dilema de defenderse de la rapacidad de Joan Garcés y la Fundación Salvador Allende, sin entrar en el detalle de fondo: de donde salió el US$ 1,280.000, cosa que habría ensuciado la reputación de muchos vivos y muertos.
Y como decimos en Chile el asunto pasó colado. A Allende le hicieron su estatua y Joan Garcés ha seguido pechando el resto de su vida alrededor de asuntos y personajes truculentos como el juez Baltazar Garzón otro pájaro de la misma pluma. Las cosas de la vida, Dios los cría...
Sobre don Victor Pey, bueno, el y su hermano fueron personajes extraordinarios que llegaron asilados de la guerra civil en el Winnipeg. Su hermano Raul fue director municipal de obras de Arica y es hijo ilustre de la ciudad. Creo que solo lo podría culpar de buen amigo, dudo que se haya enriquecido en el asunto y lo más probable es que solo puso la cara y el nombre, para eso están los amigos.