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08 marzo 2012

La estrategia del Gobierno Militar



La estrategia del Gobierno Militar se formuló en la Declaración de Principios de 1974 a la que pocos le dieron importancia, sin embargo se convirtió el documento estratégico principal del regimen. De haberla leído con cuidado se habrían dado cuenta que las FFAA venían para quedarse largo tiempo en lugar del gobierno de transición que esperábamos casi todos en esa época.

A diferencia del programa de la Unidad Popular, la declaración no hace ningún análisis histórico y parte con una breve descripción llamada "Chile en el contexto mundial: bases para una definición", donde analiza las perspectivas de Chile en el mundo.

Se salta todo el diagnóstico, que era gran parte del programa de la Unidad Popular, eso muestra la diferente técnica de análisis usada: una es historicista y la otra prospectiva. Así pasa directamente a los valores, que es la parte donde pusieron mayor detalle:

3.1 1. El hombre tiene derechos naturales y superiores al estado
3.2 2. El estado debe estar al servicio de la persona y no al revés

Esto marca la ideología liberal (la libertad individual esta por sobre el bien común, lo del bien común es un asunto interesante que tengo que comentar algún día). Luego se pasa al espinudo tema del rol del estado:

3.3 3. El fin del estado es el bien común general
3.4 4. El bien común exige respetar el principio de subsidiariedad
3.5 5. El respeto al principio de subsidiariedad supone la aceptación del derecho de propiedad privada y de la libre iniciativa en el campo económico

Aparece aquí el
principio de subsidiariedad -dicen que lo colocó Jaime Guzman- que trata el conflicto entre el bien común y los derechos individuales. Dice que el estado debe velar por el bien común pero siempre por debajo de los derechos individuales.
"el estado debe estar al servicio de la persona y no al revés". O sea no puede entorpecer ningún interés individual si este no perjudica a terceros, ni siquiera en nombre del bien común.

4 III. Inspiración nacionalista, realista y pragmática

El nacionalismo, probablemente lo colocaron para afianzar el apoyo interno de las FFAA, matizando con "realista y pragmática" para evitar rechazos nacionalistas a la inversión extranjera, que se consideraba el puntal económico de la reconstrucción.

La visión, misión y objetivo fundamental se presentan en una sola frase

4.1 1. Objetivo fundamental de la reconstrucción: hacer de Chile una gran Nación

No es retórica. Hay que recordar que Chile era el país más pobre de América del Sur. el objetivo "hacer de Chile una gran nación" se repitió mucho en los discursos y la propaganda oficial, aunque nadie lo creía factible en un país que venía en decadencia por más de medio siglo, la mayoría de la gente pensó que era solo una frase de propaganda. Sin embargo fue un objetivo real como se vió en el tiempo.

Los objetivos específicos -he sacado los que me parecen retóricos- eran:

4.2 2. Sistema de planificación nacional y proyecto nacional.
La planificación subsidiaria era solo para la pobreza, no para la economía de las empresas, con esa idea se creó MIDEPLAN y se hizo por primera vez el Mapa de la Extrema Pobreza.

4.5 5. Un orden juridico respetuoso de los derechos humanos: marco para el actual gobierno. Obviamente que este objetivo no se implementó, el irrespeto de los DDHH de algunos opositores fue el principal pasivo que tuvo el gobierno.

4.6 6. Una nueva y moderna institucionalidad: tarea para el actual gobierno. La Constitución de 1980

4.7 7. Un desarrollo económico acelerado, un efectivo progreso social y una escala de valores morales que los jerarquice respecto del hombre: metas indisolubles de la reconstrucción nacional. Aquí entraban todas las medidas radicales de liberalización económica, libertad de precios; baja de aranceles; privatizaciones; impuestos bajos y parejos; apertura a la inversión extranjera, etc.

A diferencia del gobierno de la Unidad Popular que partió con una situación de estancamiento, el Gobierno Militar partió con una quiebra fiscal, social, institucional, etc. Aunque el trabajo era mayor, las condiciones iniciales fueron más favorables: es más fácil rediseñar una ciudad arrasada por un terremoto que otra que está construida donde hay que hacer demoliciones.

También tenía la ventaja del régimen de excepción sin parlamento, que le permitió dictar leyes y reglamentos sin estar sujetos a la discusión de los grupos de interés.

Los valores clave son derechos individuales y estado subsidiario. Los derechos humanos son un concepto distinto y no aparece mencionado en los valores sino en los objetivos. Derechos individuales, explicados de manera breve, son el derecho a hacer lo que se le da la gana siempre que no se perjudique a terceros.

La estrategia consiguió casi todos sus objetivos y es la que se usa hasta hoy: los derechos individuales y el estado subsidiario son ampliamente aceptados como valores fundamentales y no han sido amenazados seriamente en los 37 años de vigencia.

Tomás Moulian en su libro Chile, Anatomía de un Mito de 1997 hace un análisis muy crítico de la estrategia que -según sus palabras- "habia convertido ciudadanos en consumidores". Sin embargo es el primer intelectual de izquierda en reconocer que la estrategia se había consolidado con éxito y ya no necesitaba ser impuesta por fuerza.

Después de 37 años los valores fundamentales de la estrategia siguen firmes, pero varios objetivos se han degradado en el tiempo, principalmente el desarrollo económico acelerado que se deterioró a partir de 1996 hasta hoy. Esto puede tener varias explicaciones pero yo creo que es por políticas igualitaristas. La corrupción tuvo su parte también en eso.

Como contraparte las políticas pro derechos humanos se han impulsado fuertemente, en reacción a los crímenes cometidos durante el Gobierno Militar, probablemente una sobrerreacción considerando la corrupción y abusos legales que se han producido.

08 febrero 2008

A todos les gusta mandar

A la mayoría de la gente le gusta mandar y casi todos detestan que los manden, la mayoría de las personas hacen enormes sacrificios personales tratando de llegar a posiciones donde puedan mandar a los demás o arrancando de situaciones donde deben obedecer.

Como les conté el otro día, durante unos años yo pitutié vendiendo unos programas para el ejército y en esa época, conversando con unos amigos me dijeron que por qué no buscaba algún contrato más formal, que se pasaba bien y todo eso. Yo les dije que ni muerto porque no soportaba que me mandaran, la respuesta me dejó soprendido, "a ti es muy fácil mandarte, basta pedirte algo por favor ¡si vives haciendo favores!". Bueno, como tan tonto no soy, aprendí varias cosas del ambiente militar, una de esas fue que el asunto de mandar, bien entendido, no es un privilegio sino una mochila que pueder llegar a ser muy pesada.

El arte de mandar se puede entender de dos maneras: la más popular es que el mando es un privilegio que a veces te regalan o te cae por suerte, y permite imponer tu voluntad por sobre los demás. Por ejemplo cuando nombran a una autoridad política o cuando alguien con plata contrata a otras personas y -como les paga el sueldo- considera que puede tratarlos como se le antoje, repartiendo favores o insultos según sea su humor, a la manera de un emperador romano que sube o baja el pulgar. Esa es una actitud muy común de los que llegan a un puesto de mando por la política y es parte de lo que yo llamo la enfermedad de las autoridades. En las empresas, los peores de estos mini-emperadores son no los dueños, sino los empleados con ambición que han logrado colocarse en una situación de mandar a los demás sin sufrir directamente las consecuencias de sus desatinos.

Con policías, milicos y en general gente con un poder mayor a las personas normales (las armas y el permiso para usarlas) la cosa cambia, esos toman muchas decisiones que pueden tener consecuencias graves. A un político, ejecutivo o empresario no les pasará gran cosa si se equivocan, pero una mala decisión de estos otros puede significar la muerte de mucha gente; acuérdense de Antuco, donde por un error de juicio del oficial murieron cientos de soldados. En esos casos mandar puede ser más una molestia que beneficio. En el antiguo regimiento Dolores conocí un cabo de unos cincuenta y tantos años, desde que salió de la escuela de suboficiales jamás tomó un curso para ascender y como hacía bien su trabajo termino jubilado con el mismo grado con que salió de la escuela: cabo, nunca tuvo responsabilidades ni se hizo gran problema de nada ¡30 años de cabo!

Por eso en las policías y fuerzas armadas se trata de enseñar -con más o menos éxito- el arte de mandar como una técnica para organizar a la gente de manera eficiente, en ese sentido son entrenados para mandar. Uno de los clichés clásicos es que lo primero es aprender a obedecer y eso es bien cierto, alguien incapáz de obedecer tampoco sirve para mandar, por eso existe ese chiste llamado la respuesta militar, que es "a la orden": se obedece y al mismo tiempo se transfiere la responsabilidad al que dió la orden, cuando se entiende bien ese concepto, aplicándolo muchas veces, recién se está empezando a aprender como mandar.

Hay muchas teorías, ideas y estilos de mandar pero a mi modo de ver las peores son las que tienen una motivación ególatra: los que mandan solo para ejercer poder sobre las demás personas no valen nada, simplemente tienen el small penis complex y lo tratan de superar con su despotismo. Una forma buena de mandar es el liderazgo, o sea tomar a un grupo mal organizado y darles una dirección para que ellos mismos se beneficien. Déspotas versus líderes, dos formas diferentes de hacer la misma cosa.

Hay muchas cosas interesantes y útiles que aprendí mirando a los milicos, por ejemplo como manejarse con un jefe chiflado o abusador -que también hay como en todas partes- como ganarse el respeto y la amistad de los que están abajo y arriba porque todos sirven, también aprendí dos dichos muy buenos: "no hay enemigo pequeño... ni tampoco amigo pequeño" y el otro "un chincol se comió una viña: uva por uva" esos los aplico y siempre me han servido. En fin, cuando empecé a venderles mis programas, a mediados de los 90, tenía harta antipatía por los milicos y después de unos años me había hecho un montón de amigos y aprendí varias cosas útiles. Nunca se sabe por donde salta la liebre.