Justo cuando me había sentado para escribir mi entrada de hoy, recibí un llamado de mis amigos Viera, Pratti y Cheché desde el muy noble y tradicional restaurant Don Floro; habían llegado recién y estaban pidiendo una parrillada así es que convocaban mi presencia. Estaba sin auto pero como tenía ganas de comer les dije que me esperaran y bajé caminando como buen pobre, tan rápido que llegué antes que la parrillada apareciera en la mesa.En fin, llegó el plato con lomo, filete, prietas, chunchules, chorizos, ubre y chuletas, acompañado de papas fritas, arroz y ensalada. Dos botellas de vino para pasar el colesterol y quedamos tiki-taca, ahora que ando pobre soy peligroso con un tenedor y cuchillo en la mano, así es que comí por diez. Finalmente dos rondas de piscola de bajativo y cada cual para su casa. Ahora -medio cufifo- estoy pensando que diablos voy a escribir hoy.
Y la verdad es que no tengo idea si con mis neuronas medio embotadas en alcohol, como las tengo ahora, se me va a ocurrir alguna cosa medianamente cuerda. Me acuerdo cuando estudiaba en Inacap para Técnico Electrónico, habíamos terminado y nos quedaban solo los exámenes finales, nos encerramos durante dos días a estudiar en la casa del chango Vargas, porque venían los profesores de la Universidad Técnica Federico Santa María a tomar los exámenes, con una aterorizante reputación de gurkas. La cosa es que pasamos dos días encerrados estudiando, sin dormir y un par de horas antes del exámen tuvimos la idea de tomarnos unas cervezas para pasar los nervios, pésima idea, fueron muchas mas que un par y yo llegué a dar el exámen completamente borracho, una de las peores experiencias de mi vida. Menos mal que aprobé.
¿De que diablos podría escribir hoy? ya sé, los que viven en Chile sabrán que la noticia del día fué el recibimiento de la selección nacional de futbol sub-20, Los recibió la presidenta en el palacio de La Moneda, se asomaron a los balcones como héroes populares y más de 3.000 idiotas se juntaron para vitorearlos como si hubiesen ganado una guerra.
Esto lo escribí en el blog de KarenVon pero no importa, lo comentaré de nuevo. Desde mi punto de vista esos tipos no son deportistas sino que trabajan en el negocio del espectáculo, un negocio que ha ido creciendo en el país de manera increíble. No me vengan con que los niños deportistas, los únicos deportistas son los que se juntan a jugar a la pelota después del trabajo, o los fines de semana, o los que salen a trotar en la mañana, estos tipos son trabajadores del espectáculo igual que las modelos (por eso los futnolistas se casan con modelos, son en cierto modo colegas), la gente de la tele, etc.
El espectáculo del deporte es un enorme negocio, alimentado por una multitud de losers que a falta de méritos propios, sufren y gozan con los méritos ajenos. Se alegran y salen a gritar ¡ganamos! cuando los actores ganan algún inútil partido o se ponen a llorar cuando pierden. Es una especie de vida prestada, donde se vibra con lo que le pasa a otros sin tener real participación en el asunto. Entonces se interesan en la vida de sus ídolos, se preocupan por los romances, rupturas, llegan a quererlos como a su otro yo. Es un asunto mundial, en esto de la cultura de las celebridades no hay mayores diferencias entre países subdesarrollados y desarrollados: losers hay en todas partes y son muchísimos.
El negocio del espectáculo mueve billones, la gente paga por ir al estadio, o compra los productos que usa su ídolo, o se hacen socios del club de sus amores para vivir estas extrañas vidas prestadas que son un clon de la propia realidad. Lo peor de todo es que el espectáculo ya llegó -hace muchos años- a la política; políticos y parlamentarios se unieron a esta inmensa soup opera que desde hace algún tiempo llaman la farándula. El senado y la cámara de diputados son como set de televisión donde todos los días los actores juegan sus roles para entretener a su público: en lugar de pagar entradas o comprar productos pagan con su voto, que otorga el poder político a los mejores actores.
No tiene nada de raro que la presidenta haya recibido como héroes a los futbolistas, en verdad son colegas del mundo del espectáculo, su negocio es la entretención y todos ellos se enriquecen a costillas de los giles que, si hacemos una encuesta en un 99% dicen odiar la farándula, pero si vemos los hechos estos mismos son los fieles seguidores que hacen posible que los vivarachos obtengan plata y poder político. Ya lo decían los romanos: pan y circo para el pueblo. Y mejor no escribo más porque estoy medio cufifo y esta vez ni me molestaré en subir un slide show, me voy a dormir ipso facto. Hasta tomorrow.