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05 julio 2011

Tribuna política

Pocos se acuerdan hoy de Luis Hernández Parker, que fue el mejor comentarista político en la historia de Chile durante casi 40 años, "lo dijo Hernández Parker" era una expresión común que cerraba discusiones en los sesentas que equivalía a decir es verdad, es correcto.

Lo curioso es que aunque tuvo como discípulos a periodistas que después fueron famosos no dejó sucesor, no hubo desde su muerte en 1975, un solo periodista que se le aproxime. Mucho menos lo hay hoy día. ¿Que hacía tan especial a este antiguo estudiante de leyes que nunca terminó, pero fue uno de los más grandes profesores que tuvo la Universidad de Chile?.

Hernandez Parker no era objetivo y era tan opinólogo como cualquiera de los actuales panelistas del aborrecible Tolerancia Cero, la diferencia es que de verdad tenía opinión personal y no la ajustaba según sus intereses: gran diferencia, todo el mundo conocía de sus simpatías y antipatías, pero también sabían que no hablaba para sacar algún provecho, sostener una posición o adquirir poder, simplemente decía de la manera más franca lo que le parecían las cosas que estaban pasando.

Su historia es interesante porque empezó como militante comunista, llegando a ser presidente de las Jota, con los años, como todos los que piensan, se desilusionó no solo del comunismo, sino de la militancia en los partidos, nunca más militó ni simpatizo con ningún partido político.

Hoy no existe ningún periodista que diga libremente sus opiniones o que haga análisis en base a lo que le parece bien o mal, porque todos están pauteados por intereses corporativos o personales. Los que no tienen alta exposición en los medios simplemente trabajan al servicio de la "línea editorial" de su medio y son simples redactores de acuerdo a las pautas editoriales.

Pero existe otra categoría mucho más pervertida que son los que tienen alta exposición, como los que aparecen en Tolerancia Cero, Estado Nacional, en las entrevistas de CNN, lo que popularmente se llama "los rostros". Las columnas de El Mercurio -y en menor medida La Tercera- son la catedral de los rostros y el sumo pontífice es Carlos Peña, el columnista dominical que tomó la posta de Hermógenes que era su némesis en sentido contrario.

Esos, además de comentar para acrecentar su poder personal e influencia son representantes de los grandes intereses corporativos, la mayoría lo hace por ambiciones de poder y dinero (Peña, Paulsen, del Río, Guillier y tantos más) otros por ideología después de de haber abrazado una causa (Hermógenes, Max Neef, Laraín, etc.).

El resultado de esto son los soporíferos y predecibles análisis políticos de cada uno de estos rostros. Todos sabemos de antemano lo que van a opinar respecto de cualquier asunto, solo nos interesa ver si lo dicen de manera ingeniosa o no, la única novedad puede ser la forma porque el fondo ya lo conocemos.

Es tan aburrido ver Tolerancia Cero donde cada uno defiende su parroquia de la manera más previsible, como escuchar a Joignant, Navarrete, o para que hablar de cualquiera de nuestros ultra previsibles políticos.

Nadie dice lo que piensa, todos piensan mucho lo que dicen y sacan cuentas sobre cual es el costo y la utilidad de cada palabra que pronuncian, es una peste. El día que alguien se siente frente a una cámara y diga francamente lo que le parecen las cosas, sin calcular si va a perjudicar a si mismo o a sus amigos, entonces habremos visto al sucesor de don Luis Hernández Parker, pero creo que vamos a tener que conseguir una silla para esperar sentados, porque el periodismo político hace años que se convirtió en una profesion dedicada a la manipulación de la opinión pública, una especie de rama bastarda del marketing. Que diablos, hasta mañana.