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26 diciembre 2011

Amos y sirvientes


Una noticia me llamó la atención la semana pasada. El club de golf del condominio Las Brisas de Chicureo envió una circular a sus propietarios advirtiendo que la piscina común era un área restringida a los propietarios, su familia directa e invitados, mientras que el personal de servicio debería ir uniformado de manera que se diferenciara de ellos y no podía usar estas instalaciones.

Esto desató una ola de indignadas protestas en Twitter, como era previsible, la mayoría de "patrones" defendiendo apasionadamente a sus "nanas". Que digo, no eran la mayoría sino todas. No leí una sola protesta de una sirviente, tampoco ni una de algún patrón que defendiera el derecho del club de mantener alejadas a las nanas del uso de la piscina.

Yo, que siempre veo las cosas al reves, esta vez creí notar el delicioso clasismo de los chilenos, tan profundo porque viene justamente desde los inferiores que han subido un poquito y se vuelven violentamente contra los que hasta hace poco eran sus iguales. Creo que el país de emergentes que somos se refleja de manera increíble en este episodio, en varios niveles.

El nivel más obvio -y burdo- es el de los que idearon esa ordenanza. Es evidente el temor a sufrir algún contagio o sentirse menoscabados si los sirvientes se bañan en la misma agua que ellos o sus invitados. La insistencia en el uso de uniformes se explica porque el fenotipo y la ropa de patrones y sirvientes es tan parecido en Chile, que si no se uniforman resulta muy fácil confundirlos.

Pero eso es solo la cáscara, la nota simpática. La siguiente capa de clasismo viene de los otros patrones que se indignaron, porque ellos tratan a sus nanas como si fueran de la familia. Y empieza una competencia sobre quien es el amo más bondadoso y condescendiente con esa pobre gente, que se sacrifica por cuidar a tus hijos. Ese es el clasismo más genuinamente chileno, porque identifican el trabajo de servir como algo indigno y repugnante. Esa pobre gente que ha caído en lo más bajo, servir a otros, merece toda clase de consideraciones especiales.

En los países latinos odiamos servir porque todos somos sirvientes de origen y no hay peor astilla que la del mismo palo. El barrio de Chicureo no es un lugar muy aristócrata que digamos, está poblado por rostros de la televisión, jugadores de fútbol que vienen de La Legua o lugares peores, faranduleros, en fin, un lugar clásico donde llegan a vivir los emergentes, que no tienen fortuna pero han ganado suficiente plata como para darse sus lujos: autos caros, una casa grande pero en condominio, pìscina pero en áreas comunes. O sea ricos pero no tanto, la primera generación que viene saliendo del basurero. Por eso su clasismo es tan burdo y hasta podría considerarse simpático.

El otro clasismo es más divertido, el de los clase media que viven en un departamentito o una casa de 120 metros cuadrados, que trabajan y tienen que contratar una nana que les consume una parte considerable de sus ingresos. Como no pueden darse el lujo de ningunear a su nana, como los de chicureo, van al extremo opuestos y son exageradamente condescendientes, las tratan con una especie de lástima, las llenan de regalos y dicen tratarlas "como si fueran de la familia".

Claro que no son de la familia y si la nana les roba o no les gusta como trabaja se van al otro extremo y pasan a abusadores con gran facilidad porque -aqui viene lo divertido- realmente se sienten superiores. Antes ya había escrito sobre esto, a los latinos no nos gusta servir, consideramos el servicio una actividad humillante y despreciable, por eso nuestro servicio es generalmente malo al contrario de los sajones que no ven ni un problema con eso, may I help you? Les encanta servir .

En Chile se oculta como un estigma cuando un pariente ha trabajado sirviendo y los sirvientes por lo general odian su trabajo, se sienten explotados y humillados por tener que servir a otros. En Inglaterra por el contrario, la profesión de sirviente es completamente respetable y hay muchos casos de aristócratas que cuando se han quedado sin plata se dedican a servir. Un mayordomo o una nanny inglesa son profesionales como cualquier otro técnico y bastante bien pagados.

En Chile es todo lo contrario, porque somos como un fundo de Talca: con el patrón abusador y el inquilino ladrón: el patrón siente que es su derecho natural abusar de las clases inferiores y no le paga al inquilino. Este a su vez le roba y se acuesta con la esposa del patrón. Así todos quedan felices convencidos que están sacando la mayor ventaja. Lo chistoso es que el patrón hace algunos años era inquilino y ladrón, mientras que el inquilino puede llegar a ser pudiente y se transforma en un abusador de primera. Es un círculo porque somos un país de aspiracionales y arribistas, nunca tuvimos verdadera aristocracia.

Y la clase media, ah, resentidos y envidiosos de los que tienen plata (adonde quieren llegar), abusivos y clasistas con los que tienen menos (de donde vienen). Eso explica que la centro izquierda sea tan numerosa en el pensamiento corriente de los chilenos: resentidos pero igual aspiracionales.

Finalmente un recuerdo familiar, a principios de los ochenta en uno de nuestros frecuentes períodos de vacas flacas mi mamá se dedicó a cuidar niños trabajando como empleada. Deben haber sido dos o tres años que trabajó para una familia de apellido Larraín acá en Arica, eran simpáticos y recuerdo que fue una buena experiencia, había una relación muy profesional pero con el tiempo llegó a hacer amistad, hasta que se fueron de la ciudad. Nunca lo vimos como algo denigrante, ni se nos pasó por la cabeza, era un trabajo como cualquier ortro.

Así es que si alguna vez me ven garzoneando en el centro no se extrañen. Bah, si no fuera porque hay que trabajar demás lo haría.

P.D. los que reconocieron la ilustración del comienzo seguramente habrán disfrutado las aventuras de Jeeves and Wooster (en ese orden) de J. P. Wodehouse, si no lo han leído, aún es tiempo.