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13 febrero 2012

Una historia alocada y mi apuesta sobre la crisis del agua

Imaginen que yo me compro el lote vacío que queda detrás de mi casa, entonces con maquinaria preparo bien el terreno y me gasto unas buenas lucas para construir una piscina semi olímpica. Una buena piscina, con todas las comodidades y equipamiento para atender a unas 50 o más personas al día.

Luego, para recuperar la inversión y ganarme la vida sin hacer nada -que ha sido mi sueño de siempre- abro la piscina al público cobrando unos US$ 6 de entrada. Después de un par de años, según los cálculos de mi proyecto, habré recuperado la inversión y de allí en adelante todo será para chicha: pura ganancia para papito.

Pero este hermoso proyecto tiene un punto debil (obviando otros como que no tengo un peso de capital para realizarlo, pero soñemos como si tuviese la plata). El punto débil es que necesitaré muchos litros de agua para llenar la piscina, que cada cierto tiempo deberán renovarse, eso me costaría una fortuna que se llevaría todas mis ganancias. Entonces supongamos que voy a la empresa sanitaria a ver que puedo hacer.

En la sanitaria seguramente me dirán que el agua en si es gratis, un bien nacional de uso público, y lo que ellos me cobran es el costo de la infraestructura para transportarla hasta mi casa y de llevársela después que la he usado. También me dirían -probablemente- que no sea sinverguenza: si quiero hacer un negocio particular debo pagar todos los costos, incluyendo la inversión en infraestructura para tener agua.

¿Adonde quiero llegar con esta absurda historia? El punto es que si se fijan bien, eso que nos parece ridículo si lo intenta cualquier comerciante, lo consideramos natural cuando lo hacen los agricultores. Nadie reclama cuando el fisco usa plata de nuestros impuestos para construir un canal de riego, cuando entrega subsidios a los agricultores para que mejoren sus sistemas de riego o cuando gasta miles de fantastillones en construir un embalse.

Los agricultores hacen un negocio particular con sus cosechas pero no pagan un peso por las obras de infraestructura que les permiten disponer de su principal insumo. ¿Cual es el truco? Un inmenso error de política pública, que supone que los agricultores tienen cierto derecho a disponer de agua abundante en la puerta de su predio, sin pagar por la infraestructura tal como pagamos todos los usuarios de agua potable. Al contrario, suponen que el estado tiene la obligación de entregarles infraestructura y subsidios de riego.

Cada vez que algo se subsidia se derrocha, una Ley de Hierro de la naturaleza humana dice que lo que no cuesta no se cuida ni es apreciado. Por eso en los países con mayor cobertura y mejor servicio de agua potable del mundo son donde los usuarios pagan exactamente lo que cuesta el agua, especialmente si es escasa y hay que transportarla.

En Chile los usuarios pagan todos los costos del agua potable y tenemos cobertura cercana al 100%, en Perú y en Bolivia por ejemplo el agua es fuertemente subsidiada y tanto la cobertura como el servicio son malos o pésimos. ¿Y que pasa en Chile con los indigentes, que no pueden pagar su consumo básico? El estado les entrega un subsidio directo para que puedan pagar lo que consumen. El sistema es casi perfecto, excepto cuando la política y los intereses económicos meten su cola para desvirtuarlo.

¿Por que en Chile no se aplica la misma regla del agua potable a los agricultores? Por razones políticas y de supuestos "derechos adquiridos". Si los agricultores tuviesen que pagar toda la inversión y mantención en infraestructura que ocupan ocurriría algo muy interesante: el ajuste automático.

La agricultura se desplazaría a lugares donde resulta rentable, porque el agua es más abundante y las inversiones mucho menores. Así quedarían lugares como Arica, que son muy secos pero con sol todo el año, reservada solo para cultivos altamente rentables donde hay ventajas comparativas reales, como la producción de semillas por ejemplo.

El actual estado de cosas, con el gobierno distorsionando al mercado por medio de subsidios solo puede llevar a la crisis: los agricultores altamente subsidiados, expandirán sus hectáreas con cultivos de bajo rendimiento económico, financiados indirectamente por el gobierno. Los subsidios siempre terminan financiando malos negocios, porque los negocios buenos no los necesitan.

Obviamente los pocos recursos de agua se agotarán rápidamente y todo terminará en una gran crisis como la que ya ocurrió en Copiapó, o como lo que pasó en Arica cuando se cortaron los subsidios al Polo Industrial. Es la crónica de una muerte anunciada, la estoy cantando y garantizo que es lo que va a pasar. Apuesto una caja de puros.