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22 diciembre 2009

Ojo con los milicos


Desde hace tiempo que no se habla mal de las Fuerzas Armadas. La actitud de los chilenos hacia sus milicos (me refiero a todos los uniformados) ha pasado por varias etapas en el tiempo, desde la indiferencia a la adulación, el miedo, insulto y parece que al fin estamos llegando a la aceptación.

Nadie hablaba mucho de los milicos en los sesentas, eran considerados rígidos, cabeza cuadrada y solo a partir del levantamiento del General Viaux en el Regimiento Tacna, empezaron a tener algún protagonismo, al menos así era hasta donde alcanzan mis recuerdos. A principios de los setentas fueron tomando protagonismo, a medida que el país se polarizaba todos querían tenerlos de su lado hasta que Allende nombró a Carlos Prats -entonces Comandante en Jefe del Ejército- como ministro del interior, al aceptar el ministerio Prats perdió el liderazgo y al poco tiempo tuvo que entregar el mando y pasar a retiro. Ya no mandaba, la renuncia de Carlos Prats al Ejército fue el verdadero golpe, allí fue cuando las FFAA tomaron partido claro contra Allende quien no se dio ni cuenta.

En septiembre de 1973 vino el golpe con una mezcla de miedo y alivio al ver que por fin se resolvía una situación insostenible. Todos creían que los milicos se tomarían un corto tiempo para ordenar la casa y luego le pasarían el gobierno en bandeja a Eduardo Frei, no contaban con el General Pinochet que se tomó su tiempo, 16 años para ser exactos, lo que provocó la furia de los tipos que tenían ambiciones políticas en el país, que no eran pocos.

El otro día vi un capítulo de esa truculenta serie de TV llamada Los Ochenta, donde aparecen a cada rato caras de terror entre los actores, personificando gente pacífica e idealista y niños espantados preguntandose si su papito podrá ser torturado, con una música de fondo ad hoc. Esas son puras patrañas. En la era de Pinochet los únicos que fueron reprimidos y pasaron susto real fueron los que hacían actividad política o terrorista, especialmente los últimos si que la vieron fea, pero los tipos comunes y corrientes como yo, mi familia y todas las personas que conocí que no teníamos nada que ver con los partidos políticos, jamás pasamos algún susto o preocupación. Yo que viví esos años puedo dar fe que así fue la cosa.

En cualquier caso existió mucho resentimiento contra los milicos durante esos años, principalmente causado por esos tenientes -muchos de los actuales altos oficiales- que sobreactuaban con un aparente fanatismo, andaban a toda velocidad en sus Sapporo y levantaban muchas minas que -fieles al instinto de nido- se colgaban a los poderosos de turno, igual como ahora andan detrás de los futbolistas.

En los primeros años de democracia, a principios de los noventas, las FFAA eran el pushing ball de los progresistas, que disfrutaban el poder expresar su antipatía sin ninguna restricción, cosa que habrían pensado dos veces mientras el General Pinochet estaba gobernando.

En 1990 durante el cambio de mando, Jorge Schaulson fue el primero en tratar de "dictador" al General Pinochet en una entrevista de televisión, fue un signo de los tiempos. Luego Aylwin apareció con su justicia en la medida de lo posible, que en la práctica terminó en las más jugosas indenmizaciones para unas pocas víctimas reales y otros miles de compañeros colgados a último momento, tal como pasó con el exilio.

Pero el deporte de hablar mal de los milicos no duró mucho, la actual presidenta Bachelet se encumbró en la política cuando la nombraron ministra de defensa, también aparecieron los nuevos Comandantes en Jefe mucho menos locuaces, excepto en el caso de Cheyre, lo que contribuyó a tranquilizar bastante a los políticos, muchos connotados de izquierda han trabajado en estudios y comisiones de defensa, en fin, ahora son todos amiguitos.

LAs FFAA hoy tienen un perfil mucho más profesional, desde su modernización que partió con el Plan Alcazar en el Ejército, han recibido recursos como nunca antes en su historia. La marca Ejército de Chile obtiene cerca de 70% de apreciación positiva, para que hablar de Carabineros de Chile, una de las instituciones más creíbles del país. Muy pocos reclaman por la compra de armamento de primera y nadie se escandaliza cuando se habla de arreglarles los sueldos, no lo han hecho nada mal dadas las circunstancias.

Cuando yo era chico en los sesentas, milico significaba ser raro, algo así como los curas, un grupo cerrado que se perpetuaba entre las familias de inmigrantes (los oficiales) y de mapuches (en la tropa). Todos teníamos algún milico en la familia, en la mía por parte de mi papá estaba Oscar Bonilla, que una vez nos visitó en el sur siendo coronel. Por parte de mi madre teníamos a John Folker, hijo de la tía Eileen que era capitán de la marina y me regaló la ropa, bolsos y equipo de los marinos de cuando había estudiado, una vez le sugirió a mi mamá que me metiera a la Escuela Naval, pero su hermano -que pasó por la experiencia- me decía que ni muerto, me contó que los subían a un trampolín de 10 metros y los hacían saltar, ese relato y mi vértigo me salvaron de entrar a la institución de Dios, Patria y Familia.

Hasta los noventas le tenía mala a los milicos, aunque nunca había conocido bien a alguno, los consideraba petulantes y cabeza de músculo, compartía la idea que tiene la gente común de que no hacían nada importante aparte de jugar a la guerra. Creo que fue en 1995 cuando empecé a vender mis programas e instalarlos en el Regimiento Dolores, donde hice muchos amigos, y en el Rancagua, entonces cambió mucho mi manera de ver las cosas, hay de todo pero como institución es una de las mejores del país, le pueden dar cátedra a cualquier otro servicio público.

La cosa es que ahora nadie los molesta y parece que entraremos de nuevo al ciclo donde todos quieren atraerlos para su lado, ojalá que se mantengan como hasta ahora, lejos del mundo de los políticos y sus ambiciones. Cuando hay elecciones adivinen quienes se hacen cargo del asunto, en cada ciudad se nombra un Jefe de Zona y en la práctica son ellos los que custodian los votos, cosa que nunca ha sido cuestionada por nadie. Ojo con los milicos, marcar 70% de aprobación después de todo lo que ha pasado es algo que debiera hacer pensar a todos.