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06 septiembre 2012

OTEC y Fosis: invertir en la gente

El FOSIS (Fondo de Solidaridad e Inversión Social) se creó -si mal no recuerdo- a principios de los años 90, cuando Aylwin fue el primer presidente electo después del gobierno del General Pinochet. Desde entonces ha sido el principal instrumento del asistencialismo de todos los gobiernos, pese a que se diseñó para ser todo lo contrario.

Recuerdo que el primer ministro de hacienda en democracia fue Alejandro Foxley, que había sido el más feroz crítico de las políticas económicas y sociales del Gobierno Militar. Pero no se demoró diez minutos en cambiar de opinión y apenas asumió el puesto dijo que en lugar de hablar de una "deuda social" prefería decir que hay que "invertir en la gente". Era claro, la "deuda social" significaba reivindicaciones y vuelta al sistema dominado por los sindicatos antes de 1973, que habría colapsado rápidamente a la concertación. Y Felipe Gonzalez ya les había contado lo conveniente que resulta hacerse amigo de los ricos conservando la retórica de izquierda.

Entonces se creó el FOSIS con la idea de "invertir en la gente". Pocas empresas en el mundo han hecho tan malas inversiones y viven para contarlo. La idea de FOSIS era del más puro espíritu de la CEPAL: ejecutar programas y proyectos que mejoren la capacidad de los pobres para salir por si mismos de su situación, pero la innovación es que estos programas iban a ser de ejecutores privados que se adjudicarían en licitaciones públicas bajo un estricto control de metas y presupuestos. Estos organismos privados serían los institutos de capacitación llamados OTEC.

Yo conocí muy bien el sistema porque enseñé en esos cursos desde el principio, en los primeros programas de Chile Joven y para Jefas de Hogar. En verdad me encantaba hacer esos cursos a pesar que la plata era miserable y el trabajo muy difícil. Incluso hace uno o dos años atrás volví a enseñar en un programa para que los jóvenes tuvieran la "licencia internacional de computación" o algo por el estilo, una idea notablemente inútil promovida por la Fundación Chile.

Enseñar en una OTEC -para mi que soy perfeccionista- me causaba una exitación parecida a entrar a una pelea de box o una corrida de toros: todo puede pasar, los alumnos son muy difíciles y el profesor no tiene ni una de las garantías de enseñar en la universidad. Allí los títulos no valen nada y es como entrar a una jaula de leones sin silla ni látigo. Nunca entré a una clase de esas sin miedo. Pero cuando me los tenía atentos y convencidos la sensación de poder es difícil de explicar. Además que con los años me encontré con algunos -muy pocos, claro- que siguieron progresando y les fue bien en lo económico, eso doblaba la satisfacción.

La cosa es que conocí muy bien los programas FOSIS y las OTEC que son verdaderos institutos del hambre donde todo se hace a pulso. La mayoría de los institutos tienen al dueño, una secretaria y con suerte un contador que operan un verdadero Circo Chamorro donde todos hacen de todo: el dueño y el contador hacen las clases, se consiguen profesores a US$ 16 la hora, hacen clases en salas y talleres arrendados a un amigo, para que hablar de la secretaria que se lleva el 90% de los trabajos.

Las OTEC son starving schools que obviamente no pueden dar buena capacitación. Y no es por que no quieran: sin plata para infraestructura, con profesores mal pagados y todo el personal sobrecargado, a duras penas estas micro-empresas pueden cumplir con los requisitos formales para que les pasen el cheque. Muchas veces los cursos para salir de la cesantía los hace un profesor cesante que se está ganando un cachito. Al menos el tipo sabe de lo que habla.

Hace unos meses le ayudé a un amigo que tiene una OTEC a postular a un programa, no los aburriré con muchos números pero les diré que eran grupos de 50 alumnos durante 7 meses, el FOSIS pagaba US$ 2160 por alumno, de esa plata había que darle US$ 1.250 al alumno para que compre equipamiento para su emprendimiento, con los US$ 910 restantes había que pagar a los profesores y una multitud de gastos y subsidios para los "beneficiarios", incluyendo hasta un pequeño sueldo mensual por estudiar. Al final, después de 7 meses atendiendo a 50 alumnos a la OTEC le quedan menos de US$ 10.000 de utilidad bruta, ¿Que calidad de cursos pueden dar ganando esa plata? Ninguna, las OTEC son en su mayoría empresas de sobrevivencia, al menos las que trabajan con FOSIS.

Entonces, en los grandes números, ningún programa FOSIS cumple con su objetivo y se limitan a hacer evaluación de los aspectos formales: si se hicieron las clases, si se colocó el pendón, si no se robaron la plata de la movilización, etc. Sin contar que los objetivos casi siempre son pobres o irrealistas y las metas poco ambiciosas.

Resulta que cuando Fernando Flores estuvo en la Fundación Chile, vendió la idea que si se hacían cursos de "emprendimiento" Chile se iba a repletar de clones de Steve Jobs y de Bill Gates. Una de las tragedias de Chile es la enorme cantidad de gente que compró es idea absurda y hoy se gastan fortunas en "enseñar emprendimiento" con presupuestos ridículos en micro empresas (OTEC) que mejor estarían de beneficiarias que de prestadoras de servicio. Bueno, pensándolo bien, de alguna forma son beneficiarias. Y en eso terminó la idea de "invertir en la gente" de Alejandro Foxley".

29 marzo 2012

Un nuevo FOSIS

Estoy terminando de llenar unos formularios del Fondo de Solidaridad e Inversión Social para unos clientes. Son varios programas para tomar a gente pobre y convertirlos en micro empresarios, mi mandante tiene experiencia de varios años en esos programas y por curiosidad me puse a conversar con los que han trabajado en versiones anteriores.

En nuestra región van a haber -a lo menos- 300 beneficiados que costará algo así como US$ 2.000 por beneficiado de los cuales unos US$ 720 se entregan para que el beneficiado compre equipamiento y los US$ 1.280 restantes se van en pagar los cursos, asesorías y monitoreo , así como los gastos de administración y las ganancias del ejecutor del programa.

Los programas son de 50 personas cada uno y el ejecutor privado dispone de unos US$ 100.000 en total por curso (hablo en cifras redondas). El costo real del programa es mucho mayor en realidad, porque el FOSIS local tiene todo un aparataje de control para fiscalizar que el ejecutor no se robe la plata y todo el programa se ejecute tal como está planteado. Se puede malgastar pero no robar.

La lógica de estos programas es regalar conocimientos y equipamiento a los pobres para que después del programa tengan una micro empresa productiva que les ayude a sostenerse y salir de la pobreza.

Tengo mis dudas. La primera es el altísimo costo en capacitar, supervisar y controlar los programas ¿se justifica? Dudo que a una micro empresa le sirva hacer un plan de negocios o enseñarles gestión para vender anticuchos o para ofrecer almuerzos. Creo que en los pequeños negocios no hay nada útil que se pueda enseñar, lo que se requiere son facultades innatas y suerte.

Me contaban monitores de programas pasados que la mayoría de la gente solo estaba interesada en agarrar los US$ 720 de regalo y no les interesaba un comino ir a las clases o escuchar las recomendaciones de los asistentes técnicos que, por lo general, no tenían ninguna aplicabilidad para los micronegocios. Había que rogarles para que asistieran, ir una y otra vez a sus casas y convencerlos como fuera, de otra manera no recibían la plata.

Yo les encuentro razón y creo que con US$ 720 en equipos es poco o nada lo que se puede comprar, también creo que los otros US$ 1,280 más los millones que cuesta el aparato de control y auditoría de las platas son recursos miserablemente botados. O por lo menos que no llegan a donde se necesitan.

¿Que haría yo? Eliminaría todo el sistema y lo reemplazaría por 300 subsidios directos de US$ 2.000 para cada beneficiario, con el detalle que tienen que devolver US$ 500, descontados de la devolución de retenciones de impuestos, en los siguientes dos años. Si no son capaces de generar ese impuesto y devolver los US$ 500 entonces quedarían en una lista negra, que los excluya de todo beneficio social posterior.

¿Como elegir a los 300 afortunados? por medio de un concurso público en que participen sobre bases bien claras donde tienen que convencer que su idea de negocio es buena, Fosis podría asesorar de manera gratuíta en ese proceso de desarrollar y presentar ideas de negocio al que lo requiera, pero sin darles un cinco por eso. Los que ya tienen un pequeño negocio y demuestren que con más capital puede funcionar mejor tendrían prioridad para la elección.

Un subsidio nunca debe ser un regalo incondicional y gracioso, debe ser un premio y su mal uso debe traer aparejado un castigo. Mientras eso no se acepte el fisco seguirá botando millones a la basura.

Toda la capacitación requerida se entregaría en línea y los que no tienen Internet pueden hacerla subsidiados en infocentros o en cyber vecinales. Sería voluntaria, el que quiere se capacita y desarrollada por los mejores expertos. Todo exclusivamente por educación a distancia.

Creo que estos programas se basan en un enorme error de diagnóstico, suponen que los pobres no tienen éxito en los negocios por falta de educación y asesoría. Eso es un error porque a hacer negocios no se aprende en la escuela, han habido muchísimos millonarios analfabetos y somos muchos más los pobres letrados. Claro que siempre es bueno saber algo, pero el valor de la educación para los micronegocios es marginal. Sin embargo en eso se va buena parte de la plata.

Otro error es creer que se puede tomar a cualquier persona, darle un poco de plata y muchas asesorías y con eso lo convertirán en un microempresario exitoso. La verdad es que la gran mayoría de las personas prefiere un trabajo asalariado y solo trabajan por su cuenta por necesidad. El que no tiene condiciones naturales va a perder plata y esfuerzo y el que tiene condiciones a veces también. Muchos negocios fracasan y los que parten con muy poco capital tiene una mortalidad todavía más grande.

Si el producto final de estos programas es dejar a alguien convertido en microempresario dudo mucho que con US$ 720 alguien lo consiga, y cada uno de esos que fracasan cuesta más de los US$ 2.000 que se gastaron directamente.

El que quiera ser empresario tiene que partir esforzandose por su cuenta y cuando tenga algo que mostrar el gobierno le podría dar una ayuda que le sirva, mínimo los US$ 2.000 y no es necesario controlar en que los usa, basta con exigirle que devuelva US$ 500 de los tributos en los dos años siguientes -o irse a la lista negra- y tendrá el mejor incentivo para usarlos bien.

Si yo fuera presidente del mundo haría dos programas paralelos de 300 beneficiarios cada uno: uno con el método actual y otro con el que yo propongo y después evaluaría cual dió mejores resultados. En base a ideas de ese tipo debería funcionar un nuevo FOSIS, porque el de ahora creo que es un barril sin fondo de asistencialismo inútil. Con todo respeto.