Un perro ha pasado aullando toda esta mañana ¿vendrá por fin el grande, el terremoto que estamos esperando? ¿se llevará esta vez el mar mi casita rodante? bah, que me importa, lo que será será. Tal vez solo sea que el perro tiene problemas sentimentales.
Se me había olvidado contarles acerca del módulo que estamos viendo ahora, se llama Dirección del Capital Humano y es hasta el momento muy entretenido. Antes había ido a clases con el método de caso pero ninguna donde el profesor dominara el sistema como esta vez, Carlos René Lagos fue profesor del Incae durante muchos años y ha dedicado buena parte de su vida a escribir y desarrollar casos, así es que este módulo está resultando una clase maestra en el asunto. El asunto es que la próxima clase le voy a pedir alguna ayuda a ver si el próximo año hago mis clases -al menos parcialmente- con ese sistema, creo que puede ser muy potente y hasta podría entretenerme un poco haciendo clases, porque el sistema se ajusta a como a mi me gusta hacer las cosas: prácticas.
Pero hubo un asunto que no se lo compré, fue una dinámica de grupo donde el animador se queda callado o interviene muy poco y se trata de decir "aquí y ahora" "así es como me siento" o algo por el estilo. De partida yo soy sumamente reservado y no discuto mis asuntos con nadie, así es que me fuí por la tangente con bromas y cosas así, probablemente voy a tener mala nota en eso. A propósito quería comentarles una idea que me surgió ese rato sobre el valor de las mentiras.
Bueno, don Carlos -que es un hombre de edad madura, no como yo que soy todavía un chiquillo- nos contaba que cuando el estudió en Berkeley esa dinámica estaba muy de moda y al final terminaban todos llorando, confesando que eran gay o cualquier cosa por el estilo. Algo me disgusta mucho de ese sistema, y es que no reconoce el hecho cierto que mientras más francamente hablamos, más mentirosos nos ponemos.
Es un asunto curioso, yo he llegado a esa convicción después de mucho tiempo observando con cuidado a las personas. Cuando quiero conocer realmente a alguien jamás debo conversar con él, ni guiarme por lo que dice, sino que hay que observar lo que hace, todos tendemos a hablar exactamente lo contrario de lo que hacemos. Las palabras son una poderosa herramienta de encubrimiento y distracción, y no me refiero con esto a la gente hipócrita sino todo lo contrario, mientras más franco y honesto es alguien, más mentiroso es lo que dice.
Estaba pensando por qué ocurre esto y me acordé de una anécdota que me pasó hace muchos años, cuando me hicieron una corta entrevista para un noticiario de televisión. Yo toda mi vida había pensado que tenía una voz de locutor FM y que pronunciaba perfectamente, pero esa vez en la tele pude ver con espanto que en realidad hablo igual que el Pato Donald, con una voz nasal, articulando y pronunciando de manera pésima, en fin, nada que ver con la idea de mi mismo que yo tenía.
Creo que eso se aplica a todo lo demás, las personas normales a quien menos conocemos es a nosotros mismos y tenemos una idea completamente deformada de nuestra propia persona y nuestros reales sentimientos. Entonces mientras más francamente hablamos, más patéticos e hipócritas somos, porque llevamos toda una vida acumulando justificaciones bien sea eliminando o agigantando nuestros errores, la auto imagen es lo más mentiroso y eso lo he podido comprobar muchas veces. Por eso el "conócete a ti mismo" de los griegos es una recomendación bastante hipócrita, es imposible conocerse a si mismo, a lo más que se puede aspirar es a armar una máscara convincente para presentarse a los demás, punto.
Cuando alguien me dice que es buena persona enseguida reviso si no me han robado la billetera, cuando alguien habla mal de si mismo y repite mucho sus defectos sé que estoy probablemente enfrente de un ególatra que anhela que yo le diga "no hombre, si no es para tanto", los chacoteros sentimentales son una muestra perfecta de lo que digo, en verdad todos somos chacoteros en alguna medida.
Volviendo al tema, por eso me desagradan esas dinámicas de gestalt y cosas por el estilo, al diablo con Jung y su inconsciente colectivo, al diablo con los equipos, el mejor equipo se forma en torno a una mesa donde todos, bien comidos y bien borrachos, se quitan por un momento su primera máscara (tenemos muchas más) y entre groserías, insultos y burlas hablamos por lo menos un pelito menos hipócrita de lo que siempre acostumbramos, es algo que he comprobado personalmente, sin alcohol no hay posibilidad de hablar en serio. He dicho.