Mostrando las entradas con la etiqueta faure. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta faure. Mostrar todas las entradas

13 junio 2011

La muerte en acto de servicio

El presidente de Francia Felix Faure es recordado por dos hechos famosos durante su mandato: el Affaire Dreyfus y la divertida historia de su muerte. El Affaire Dreyfus fue un escándalo judicial donde el capitan judío-alsaciano Alfred Dreyfus fue acusado falsamente de espionaje y enviado a la Isla del Diablo no una sino dos veces, hasta que fue finalmente rehabilitado al descubrirse quien era el verdadero traidor.

Fue de esos típicos casos donde los periódicos manipularon los prejuicios de la opinión pública ignorante, que tomaba partido por uno u otro bando según le simpatizaran o no los judíos. Manipulación, engaño, traiciones y toda la maquinaria de los poderes fácticos tuvieron a Francia de cabeza con este caso, cuando el escritor Emile Zola escribió su famoso texto Yo Acuso:

Habéis salido sano y salvo de bajas calumnias, habéis conquistado los corazones. Aparecisteis radiante en la apoteosis de la fiesta patriótica que, para celebrar la alianza rusa, hizo Francia, y os preparáis a presidir el solemne triunfo de nuestra Exposición Universal, que coronará este gran siglo de trabajo, de verdad y de libertad. ¡Pero qué mancha de cieno sobre vuestro nombre -iba a decir sobre vuestro reino- puede imprimir este abominable proceso Dreyfus! Por lo pronto, un consejo de guerra se atreve a absolver a Esterhazy, bofetada suprema a toda verdad, a toda justicia. Y no hay remedio; Francia conserva esa mancha y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra presidencia.

Este presidente no solo conquistaba corazones del pueblo sino también de las damas, según leo en el diario Hoy de España:

Faure era un hombre mujeriego y atractivo, que se cambiaba de ropa varias veces al día e incluso llegó a proponer sin éxito que se crease un aparatoso atuendo oficial de presidente. Cuando era todavía ministro de la Marina, la señora Steinheil se había convertido en la principal de sus numerosas amantes, aunque ella prefería describirse como «consejera psicológica» y decía que le ayudaba a redactar sus memorias.

Resulta que así fue como lo pilló la muerte, en la sala azul del Palacio del Eliseo mientras madame Steinheil le proporcionaba la misma clase de servicio que miss Lewinsky alguna vez proporcionó al bueno de Bill Clinton. Hubo muchas bromas y abundante mitología en esos años sobre la muerte de Faure: algunos decían que había ocurrido en un prostíbulo y en el momento de morir su Excelencia la dama se desmayó, quedando su mandíbula rígida por lo que debieron ser separados por el bisturí de un cirujano.

A la dama en cuestión, que era casada con un pintor, le pusieron algo así como madame le pompe funebre (en francés pompe también significa bombear o succionar) y siguió teniendo numerosos y millonarios amantes, entre ellos el Rey de Cambodia y su último marido, un barón inglés al que sobrevivió 27 años.

No es el único ni el primer caso de tipos que han muerto en acto de servicio, lo curioso es que jamás he escuchado acerca de alguna mujer que haya muerto mientras tenía relaciones sexuales, parece que solo los hombres nos emocionamos a ese extremo. Nelson Rockefeller, que fue gobernador de Nueva York y vice presidente de los Estados Unidos, murió en circunstancias muy similares, mientras mantenía un affaire extra marital con sus secretaria Megan de 45 años. Se dice que ni los mejores expertos de maquillaje funerario le pudieron borrar la sonrisa de la cara.

A propósito ¿saben por que les cuento todos estos chismes? Es que me acordé de un amigo que hace tiempo me contaba que mientras estaba en una ciudad del caribe, dedicado a estos mismos trámites, transpirado, sofocado y cansado como un boxeador en pelea de campeonato, repentinamente empezó a pensar que a sus 70 años le podría pasar lo mismo que a Nelson Rockefeller. Y se asustó tando que se vistió y se mandó a cambiar enseguida. Uno nunca sabe, es mejor prevenir que lamentar. Hasta mañana.