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13 diciembre 2011

Justicia es una mala palabra


Conversando con Fernando Cabrales acerca de la deserción universitaria, me decía que desde hace años venía haciendo investigaciones sobre el asunto y había llegado a una conclusión más o menos extraña. Bueno, hay muchas formas de enfocar el asunto porque existen distintos grupos de interés que no necesariamente coinciden. Por ejemplo para las universidades la deserción es siempre perjudicial lo mismo que para el gobierno, porque termina en créditos incobrables y un enorme desperdicio de recursos.

Para los alumnos en cambio la deserción no tiene por que ser mala, muchos simplemente descubren que los estudios en la universidad no les gustaron, no les convienen o que no tienen la capacidad intelectual necesaria para terminar con éxito la carrera que escogieron. Al final desertan sin pagar un peso y como los estudios universitarios incompletos son de muy poco valor económico, es el estado quien paga la cuenta. Al menos ese es el caso de las universidades públicas.

La idea sería entonces tener predictores que permitan elegir a los que presentan mayores posibilidades de graduarse en un sistema de selección que deje fuera a los que tienen altas probabilidades de desertar. Claro que es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

El modelo psicológico que estoy trabajando en el paper usa curvas de supervivencia calculando probabilidades para distintos momentos del tiempo. El modelo matemático se llama de Ecuaciones Estructurales y es lo que está más o menos de moda para sistemas variables en el tiempo, no solo se usa para la deserción estudiantil sino para otras cosas como por ejemplo la probabilidad que los presos vuelvan a delinquir o que los drogadictos recaigan en el vicio.

Una de las gracias de este modelo es que toma en cuenta la "heterogeindad no observada" que consiste en variables que son explicativas pero que no pueden medirse por alguna razón. Por ejemplo en el caso de la desrción estudiantil podría ser la predisposición genética, el interés personal del alumno para las matemáticas y cosas por el estilo. Esa heterogeneidad no observada, que toma en cuenta las diferencias que tiene cada uno con el resto de las demás personas, introduce un error, y es la crítica que se le hace a muchos modelos matemáticos , que consideran a todos los estudiados como casos más o menos homogeneos.

Como todos los modelos econométricos las ecuaciones estructurales se basan en principios bastante discutibles pero la literatura al menos dice que son mejores que otros métodos estadísticos.

Fernando me comentaba que la conclusión rara a que había llegado era que existe una cierta propensión al liderazgo que se traspasa. Me explico: todos sabemos que hay liceos de menor y mayor nivel de exigencia, un alumno del Instituto Nacional tiene una exigencia mucho mayor que otro del Liceo Pablo Neruda de Arica. Sin embargo los mejores alumnos del liceo Pablo Neruda tienden a emparejarse en la universidad con los mejores del Instituto Nacional después de un período de adaptación. En cierto modo llegan acostumbrados al éxito, no importa que nivel de exigencias ni que conocimientos base hayan adquirido.

Fernando dice que lo ha medido en investigaciones preliminares y que deberíamos hacer un estudio de eso. Una consecuencia importante de esto es que no importa mucho los contenidos que el alumno haya aprendido, sino su posición relativa dentro de un grupo de pares le da una cierta costumbre de ganador, que conserva incluso si le suben la exigencia.

Por eso Fernando dice que no se deberían usar escalas de notas absolutas sino siempre relativas al nivel del que se saca la mejor nota. El nivel promedio no importa tanto como la posición relativa dentro del grupo de pares. Creo que es un asunto interesante al que vale la pena estudiar más a fondo. Y se podría hacer con modelos estrictamente conductistas que solo midan correlaciones de notas sin modelos psicológicos de ninguna clase.

Bueno, de allí a empezar a discutir lo que es justo e injusto había solo un paso y yo me apresuré a decirle que la palabra justicia me parece abominable, la justicia se la dejo a los dioses porque a mi me importa un comino. Yo siempre he adherido a lo que escribió Platón en La República "lo justo es lo que nos conviene" y lo acepto con todas sus consecuencias.

Entonces me prestó el estupendo libro que muestro en la foto "Theories of Distributive Justice" de John E. Roemer, donde analiza las distintas teorías de justicia distributiva en los últimos 50 años. Roemer es un tipo interesante, matemático de origen se convirtió a la economía al doctorarse y ha intentado reexplicar el marxismo usando criterios microeconómicos modernos. Debe ser el único teórico del marxismo contemporáneo que ha hecho un trabajo razonable en términos económicos, o sea es tal vez el único neo marxista que vale la pena revisar . Una buena reseña del libro se puede leer AQUI.

El libro es muy interesante hasta donde lo he leído aunque para nada imparcial, pero bueno, nada mejor que leer sobre ideas opuestas para confirmar o cambiar las propias. Más adelante seguramente los aburriré con lo que vaya leyendo.

29 octubre 2011

Unos son más iguales que otros

Estaba leyendo el ensayo La igualdad de oportunidades como criterio de lo justo, es interesante porque muestra y reúne varios de los argumentos que usan los igualitaristas para defender sus ideas. La principal falacia es evidente: esconder una afirmación normativa como si se tratara de algo positivo, o sea hacer pasar una simple preferencia como si fuese un hecho observado evidente que no necesita probarse.

Todo el ensayo está lleno de esos argumentos que suponen "lo justo" como cosas que no necesitan explicarse, claro que de ninguna manera corresponden a lo evidente, ni menos a lo observado. Por ejemplo según su razonamiento dice que si hay una torta y se reparte entre cuatro personas en partes exactamente iguales, eso es algo que no necesita explicación, sin embargo si el reparto es desigual si necesita explicación y tiene el peso de la prueba en su lado ¿en que basa esa afirmación? Porque en la naturaleza y la observación cotidiana, los repartos en partes exactamente iguales son lo menos común que existe, lo normal es que los bienes se repartan de manera desigual a menos que alguien por la fuerza los iguale.

En fin, el ensayo está lleno de ejemplos similares para justificar el igualitarismo. Superficiales, tratan de hacer pasar gato por liebre, prejuicios por hechos y son cualquier cosa menos observaciones positivas de la realidad. Lo real es que las reparticiones desiguales son prácticamente la norma en la naturaleza y la igualdad es una excepción bastante rara. Tratar de redistribuir los bienes de manera igual o incluso "equitativa" lleva, como observó Hayek "a una pesadilla" que normalmente termina con una situación peor de la que existía antes de empezar a repartir justicia.

La razón de que los intentos de igualar llevan al fracaso es más o menos evidente: se basan en una preferencia moral que no tiene por que ser compartida por todos. La idea que la igualdad es un estado deseable es tan rara en las personas como en el resto de la naturaleza. Lo que pasa es que detrás de las ideas igualitarias declaradas, existen otras ideas reales, que son las de mejorar la propia posición a costa de empeorar la de otros, eso si que es muy humano y lógico. Por eso en los estados igualitarios no tardan en formarse oligarquías, tal como lo ilustró Orwell en La granja de los animales.

La mejor evidencia contra el igualitarismo es la observación histórica de lo que ha pasado en cada uno de los intentos igualitarios: terminan convertidos en autocracias donde un pequeño grupo de privilegiados domina dictatorialmente a todos los demás, en eso han terminado todos los intentos de socialismo, desde los estados de bienestar hasta los socialismos reales. Que mejor evidencia que la igualdad no es un estado natural ni deseable.

El concepto de igualdad de oportunidades tiene un significado técnico económico que la mayoría de la gente desconoce. Popularmente se habla de las "desigualdades de origen" citando a John Rawls, a quien no he leído, pero al menos la interpretación que conozco dice que el estado debería tender a emparejar las desigualdades de origen o circunstancia.

Me parece una idea débil e impracticable. ¿Sería rol del estado preocuparse de emparejar uno a uno las desigualdades de circunstancia? No veo por qué ni menos como. Como las desigualdades de origen ocurren de manera espontánea y todavía no existe la receta para que todos tengan exactamente lo mismo, creo que un estado dedicado a "emparejar la cancha" de esa manera solo puede empeorar las cosas. Hay muchos ejemplos.

Los jóvenes que van a una universidad cara y de prestigio de manera espontánea generarán redes entre sí ¿debería el estado tratar de desarticular esas redes?. Los hijos de padres ignorantes o alcohólicos tendrán menos incentivos que los hijos de un culto profesor universitario ¿debería el estado castigar al hijo del profesor y dar ventajas al del padre alcoholico para emparejar la cancha? En fin, hay muchos ejemplos por el estilo y creo que pensar en esas políticas es -tal como escribió Hayek- una pesadilla impracticable.

En el trabajo Igualdad de oportunidades, una aplicación al sistema tributario chileno, de Fernando Cabrales, hay una buena descripción de las teorías de justicia social y de igualdad de oportunidades. Yo creo que son ideas que debieron ser abandonadas hace rato por imprácticas, terminan generando muchas más injusticias que las que pretenden mejorar. Muchas consecuencias inesperadas.

En el año 2007 yo hice un comentario en el blog de Fernando Flores diciendo que el colapso económico en Europa era lo más probable, justo ese año se hablaba que Europa podía convertirse en la nueva locomotora del mundo. La idea de redistribuir desde el estado solo puede llevar al fracaso. Todavía hay unos pocos países que lo hacen y les va aparentemente bien, claro que se están comiendo el capital, financiando beneficios permanentes con ingresos temporales. La verdadera sustentabilidad solo se da el modelo natural basado en la desigualdad y la competencia.

Ah, mucha filosofía barata por hoy, hasta mañana.

29 agosto 2011

Igualdad, oportunidades, laissez faire

Conversaba con unos amigos, profesores de la universidad, sobre lo que probablemente viene para las universidades públicas -y tal vez privadas- que es la reforma de sus gobiernos corporativos. Este es un punto importante y también una gran amenaza para los profesores titulares que verían su poder dramáticamente recortado con este cambio.

En las universidades estatales las juntas directivas cumplen solo un papel decorativo y no tienen la menor influencia en el gobierno de la institución, a diferencia de las universidades particulares donde representan efectivamente los intereses de sus dueños y el rector es solo un gerente encargado de ejecutar los lineamientos y políticas de la junta directiva.

Por eso las elecciones de rector en las universidades estatales terminan en repartición de coimas y favores entre los profesores con derecho a voto, el establecimiento de centros de poder político en las facultades, en torno a los decanos y muchos vicios por el estilo que mantiene a esas universidades en el estado de estancamiento y deshonestidad que las caracteriza. Si alguien se pregunta por que las facultades de universidades estatales permanecen inmóviles por décadas, ahí está la respuesta. Si quieren hablar de calidad el punto 1 a discutir son los gobiernos corporativos universitarios, claro que eso a quien le interesa, lo perciben como la gran amenaza.

Ya estábamos todos de acuerdo, cuando sale un viejo que dice "lo que pasa es que somos ladrones no asumidos, los demás latinoamericanos al menos reconocen que son ladrones pero nosotros nos creemos ingleses y hacemos políticas de fair play dando atribuciones al estado ¿saben que pasa después? como en el caso ENAP cuando un importante político dijo: si, yo puse a mi padre allí y se lo robó todo". Sabias palabras, ya no hay en quien confiar.

Otro asunto interesante de la conversación es la diferencia entre igualdad de oportunidades e igualitarismo. Es increíble como se confunden ambos temas en la discusión política siendo dos cosas sumamente distintas aunque se basen en una idea similar de "justicia".

El igualitarismo económico dice que el ingreso total generado en un país debería ser distribuido de manera más o menos pareja entre sus habitantes. Claro que ni los más fanáticos postulan que todos deberían tener ingresos iguales, más que defender la igualdad, dicen que la desigualdad es mala, sin importar las causas porque provoca "presiones sociales".

Esos son los que andan agitando el índice de Gini como muestra de la terrible injusticia en el país , que la atribuyen, de manera mañosa o ignorante a que en Chile no existe igualdad de oportunidades y el solo hecho de haber nacido pobre o educado en cierta escuela garantiza que seguirás pobre el resto de tu vida.

Sin embargo la igualdad de oportunidades es un concepto completamente distinto y restringido. Fernando Cabrales en su artículo Igualdad de oportunidades, una aplicación al sistema tributario chileno, dice que las políticas de igualdad de oportunidades "No persiguen la igualdad de resultados, de hecho admite explícitamente las diferencias que se derivan de, por ejemplo, la heterogeneidad de preferencias de los individuos o de diferentes esfuerzos realizados. De esta manera, es aceptable, y óptimo, que existan diferencias de ingreso si éstas se deben sólo a las diferentes preferencias por ocio de los individuos o a diferentes esfuerzos en conseguir el ingreso".

O sea, las políticas de igualdad de oportunidades no deben medirse con índices de Gini. En un país con perfecta igualdad de oportunidades la distribución del ingreso puede hacerse más desigual y eso podría ser óptimo y aceptable, porque solo se tienen en cuenta características claramente externas al individuo como las circunstancias de su nacimiento y no su propio esfuerzo, propensión al riesgo, etc.

Entonces tenemos tres posturas normativas claramente diferenciables. Primero los igualitarios, que dicen que la desigualdad es un mal en si mismo y los países con un índice de Gini alto tienen una "mala" distribución del ingreso y deberían impelemntar políticas para bajarlo e igualar todos los ingresos.

Luego los que proponen la igualdad de oportunidades, que dicen que la distribución del ingreso no importa y que es irrelevante cuan desigual resulte el ingreso, pero que es de justicia implementar políticas para compensar las desigualdades de origen.

Finalmente tenemos a los laissez faire -o como se escriba- que dicen que las desigualdades de cualquier tipo son inevitables y el que tiene más dificultades simplemente debe esforzarse más, porque en las políticas igualadoras o compensadoras siempre aparecen consecuencias inesperadas que terminan haciendo la situación más regresiva.

Si le dan un vistazo al paper de Fernando que mencioné, el concluye que -al menos para Chile- si se implementara una política tributaria de igualdad de oportunidades, esta empeoraría la distribución del ingreso en lugar de mejorarla. Pueden haber diversas explicaciones para ese resultado, pero eso es lo que da el modelo.

Resulta que afortunadamente Fernando es amigo mío, profesor acá en la Universidad de Tarapacá y me contó la primicia que en su tesis doctoral, que lleva años haciendo, mejoró el modelo y corrigió problemas de su estudio anterior, llegando a la conclusión que en el caso de Chile, una política tributaria de igualdad de oportunidades daría el mismo resultado que una de laissez faire. Increíble ¿no? Espero que la publique luego, porque no es una conclusión trivial. Por mientras los politicuchos siguen hablando de igualdad de oportunidades y aplicando políticas igualitaristas, por eso estamos como estamos. Hasta mañana.

16 mayo 2010

Como malditos corderos

Tengo a la mano el librito de Introducción a la Psicología de Werner Wollf, este libro tiene la ventaja que no es muy secuencial, puede abrirse cualquier página al azar y hay buenas posibilidades de encontrar algo interesante, por eso lo he releído varias veces. El capítulo destinado a la inteligencia abre de manera muy entretenida, miren esto:

Para los antiguos griegos las más altas virtudes del hombre eran ser "bueno y hermoso"; para los antiguos persas ser "veráz y valeroso"; para los teutones ser "fiel" y para nuestros contemporáneos , en ser "inteligente" (...) La palabra "inteligencia" se deriva del la latina intelligere, que significa literalmente "recolectar de entre" y abarca los conceptos de percepción, discernimiento, selección y establecimiento de relaciones. Originalmente "recolectar entre" significaba recolectar el buen grano de entre la maleza y abarcaba los siguientes actos: percibir el grano, diferenciar el grano de la cizaña, seleccionar el bueno y establecer relaciones mediante la selección.

De allí saqué lo que le citaba a Montecristo acerca de la discriminación, discriminar es propio de la inteligencia, consiste en distinguir, escoger, diferenciar lo que consideramos bueno de lo que consideramos malo. "Indiscriminado" por ejemplo, es un concepto que normalmente se refiere a una incapacidad más que a una virtud.

La no discriminación es un movimiento muy reciente, que aparece en la carta de las Naciones Unidas en 1945 como consecuencia de las atrocidades nazis contra los judíos "el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los individuos sin distinción de raza, sexo, idioma o religión". El régimen nazi causó muchos abusos mientras duró pero también dio pie a políticas estúpidas que nos persiguen hasta el día de hoy, basta pensar en el juicio de Nuremberg, los asesinatos ingleses post guerra y el actual movimiento hacia la no discriminación.

La discriminación es natural y legítima, todos tenemos perfecto derecho a discriminar a quien nos gusta y a quien nos disgusta y así lo hacemos todos los días (con especial entusiasmo los que se dicen "no discriminadores"), pedir que no discriminemos es tán ridículo como pedir que no pensemos o no tengamos opinión. Es divertido ver a los europeos o norteamericanos -que suelen ser la gente más discriminadora del planeta por su relativo status de riqueza material- recitando el discurso políticamente correcto que les enseñaron mientras en la vida real miran con desprecio a cualquiera que no sea de su clase o raza.

La no discriminación lleva a toda clase de deformaciones y leyes cosméticas que en la práctica nunca llegan a funcionar porque van contra la naturaleza de las personas. Todos tienden a agruparse según afinidad y no hay ley que pueda impedirlo.

La discriminación no implica abuso de ninguna manera, son dos cosas separadas. No tiene nada de malo que a alguien le desagraden los chinos, negros, gringos, judíos o lo que sea, está en su perfecto derecho, pero eso no debe en ningún caso afectar la igualdad de todos ante la ley -cosa que si pasa con las ridículas "discriminaciones positivas"- ni tampoco deberían aceptarse burlas, menoscabo o trato vejatorio de un grupo contra otro. A nivel individual eso se puede arreglar a bofetadas, pero las burlas o insultos de grupo son especialmente cobardes, por eso yo elimino enseguida cualquier comentario estúpido que insulte o tenga alguna connotación racista.

La no discriminación al ponerse de moda ha sido aprovechada por los delincuentes, es obvio que en la labor preventiva de la policía tienen que chequear a cualquiera que les parezca "sospechoso" por su aspecto. Me parece risible que un tipo con los tatuajes de la Mara Salvatrucha alegue que lo están discriminando cuando lo revisan, o que otro con el uniforme de flaite, rondando las casas de noche no le puedan siquiera pedir sus papeles y comprobar donde vive. En todo caso cualquier alegato de no discriminación en esos casos chocará siempre con la opinión de toda la gente capaz de encadenar causas y efectos.

La no discriminación en la educación es lo peor de todo, educarse es un proceso discriminador por naturaleza, donde los más capaces para algo deben separarse de los menos capaces, escoger el grano entre la cizaña. El problema es que si aparece algún idiota diciendo que todo el mundo debe tener un X grado de educación formal, solo se puede conseguir esa educación indiscriminada bajando al nivel de los peores alumnos, eso es algo en que los genios no pensaron. La educación formal no es para todos ni debiera serlo, hay millones de personas a las que no les interesa y pasan 12 años a un costo enorme en impuestos estudiando algo de lo que no sacan absolutamente nada.

Si fuésemos una sociedad de personas libres con el pensamiento crítico bien desarrollado y capaces de ver más allá de lo superficial, no nos daría miedo discriminar y nuestra natural discriminación rara vez llegaría a convertirse en abuso. Si pensáramos con libertad no endiosaríamos la educación formal ni miraríamos en menos a los que no se interesaron por obtenerla. Pero que hacer, el pensamiento igualador de los corderos se nos viene infiltrando desde hace muchos años.

27 marzo 2010

Libertad, igualdad


Los hombres libres no son iguales, los hombres iguales no son libres

Leo esta buena frase en el blog de Jerry Pournelle y me deprime un poco ver como crece la sensación en USA de ser un país tomado por los igualitarios, un lugar cada día menos competitivo y donde la palabra "crisis" se aplica para casi todos los sectores de su economía. Bah, ya vendrá la reacción conservadora, parece que Obama será mucho más incompetente de lo que supuse al principio.

Lo malo de muchos derechistas es esa fijación fanática con los asuntos religiosos, es muy extraño que la derecha tenga ideas afines con la religión y la intolerancia, un peso que arrastran desde hace años, cuando en la derecha se atrincheraban las oligarquías conservadoras, los dueños del billete grande, herederos, que cargaban con el peso de mantener los fueros y privilegios tradicionales de la familia. Eso existió hasta los setentas, mientras los oligarcas pudieron contener o integrar, vía casamiento o como fuera a los nuevos ricos.

El problema, al menos en Chile, es que a partir de los ochentas la cosa se puso mucho más competitiva, y lo peor es que a la oligarquía tradicional le empezó a aparecer la competencia desleal en forma de futbolistas o comerciantes audaces que se enriquecieron en muy poco tiempo. A esos no había como integrarlos, como hicieron en el pasado con los inmigrantes judíos, árabes, alemanes que hicieron su plata con trabajo duro. Los pocos oligarcas verdaderos que van quedando se atrincheran en una religión intransigente o en expresiones de clasismo que resultan cada vez más decadentes. Mal que mal Chile siempre fué un país de aspiracionales y el respeto por los apellidos es prácticamente desconocido por estos lados, donde la plata es la que manda.

Yo creo que los oligarcas de derecha no tienen razón de ser, son tan contradictorios como los anarquistas de izquierda, mucho más entendible me parece que esos tipos se coloquen a la izquierda como buenos pichones de los colegios jesuítas, llenos de complejos de culpa y envidias. Economistas como Manuel Riesco o políticos como Carlos Altamirano, me parecen mucho más consistentes que los oligarcas de derecha, el lugar de los ricachones debe estar a la izquierda, porque ellos son los que mejor les cuidan sus intereses.

Un verdadero derechista prefiere la libertad, un verdadero izquierdista prefiere la igualdad, las dos se contraponen y ninguna se puede alcanzar de manera perfecta, solo podemos vivir más "corridos" hacia uno u otro lado. La libertad le conviene a los que confían en sus propias capacidades y no le tienen miedo a la competencia, también le conviene a los que, como yo, no tienen ambiciones pero aspiran a que nadie se meta con sus asuntos.

La igualdad le conviene a los underdogs, esos que tienen la expectativa que perderán en cualquier competencia, entonces recurren a un tercero para que los proteja y los nivele, noten que esto no tiene nada que ver con ser pobre, un riquísimo heredero puede ser un underdog (mi papá por ejemplo, que perdió toda la fortuna de mi abuelo) mientras que alguien muy pobre puede ser competitivo, vean a Steve Jobs nomás, ejemplos de ambos tipos hay miles, la cosa es que el que no se siente capaz de manejarse por si solo es facilmente seducido por la idea de un tercero que le quite a los ricos para darle a los pobres, la heramienta igualadora por excelencia.

Ya que lo mencioné el caso de mi papá es notable porque heredó una gran fortuna sin tener vocación de millonario, cuando yo lo conocí (mis padres se re-juntaron cuando yo tenía 13 años) ya estaba arruinado y decía, medio en broma, medio en serio, que habían cien maneras agradables de perder la plata: los vicios, el lujo, caballos, mujeres, casino, viajar por el mundo, etc. pero el había escogido la más estúpida: hacer malos negocios.

En Chiloé, en los setentas, le quedaban dos barracas y dos aserraderos, pero siempre tuvo al hombre de confianza que le manejaba los negocios, era un tipo de apellido Barría que le robaba a manos llenas, vendía madera para su bolsillo, nunca pasaba cuentas de nada. Por lo que yo recuerdo le gustaba leer y fumar una pipa tras otra, a veces discutíamos de política, es lo único que recuerdo haber conversado con él, no era nada comunicativo y yo tampoco así es que nos llevábamos con una mutua y más o menos cordial indiferencia.

Tengo que creer en la genética porque yo soy idéntico, por lo menos en cuanto a personalidad. También desprecio el dinero, le hago el quite al trabajo y seguramente moriré arruinado igual que él -es el sino de los Bradanovic- como dijo una vez Walfried, el hijo de mi medio hermano Edmundo.

Bah, pero había empezado a escribir de política y me fui por cualquier otro lado, mejor lo dejo hasta aquí nomás porque ya estoy empezando a escribir tonteras. Hasta mañana.