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20 marzo 2012

Los perros andan sueltos

No me gusta escribir dos entradas seguidas sobre lo mismo pero a veces tengo que aprovechar antes que se me olviden algunas cosas. El último comentario que recibí de la entrada de ayer -de mi compañero Lalo- me hizo pensar que había colocado el problema como yo lo veo, pero si no ponía niguna solución -como yo las veo- sería como tirar la piedra y esconder la mano.

Pienso que el problema de las regiones no es político y cualquiera que sea el sistema político o electoral, de repartición de poder que se ponga el asunto seguirá igual. Algunos piensan que bastaría con que todas las autoridades locales fueran electas y tuviesen más autonomía política y con eso se termina el problema.

Creo que esa es una ingenuidad enorme. O tal vez una avivada de los que aspiran a agarrar un cargo para entrar a la rapiña fiscal y vendernos la idea que lo único que se necesita es "más democracia" y "más autonomía local".

Conste que yo no estoy contra la descentralización, todo lo contrario y creo que también se equivocan los que creen que creando cuatro o cinco "macro regiones sustentables" (como si eso significara algo útil) se solucionarían los problemas. La descentalización es indispensable porque implica conocimiento local experto, que ningún planificador llega a tener desde su escritorio.

Pero tiene sus problemas: caudillismo, corrupción, incapacidad profesional entre otros. Ese es un problema técnico, no es político ni menos moral (algunos piensan que bastaría colocar "gente honesta" eso si que es el colmo de la ingenuidad).

Es técnico porque se trata simplemente de falta de control. Curiosamente los peruanos, tan atrasados respecto de nosotros en cuanto a la formulación de proyectos, tienen algo que nos falta a gritos: las unidades de supervisión de proyectos que monitorean la ejecución, el cumplimiento de los objetivos, metas, plazos y evaluación ex-post.

Los supervisores de proyecto en Perú son los villanos, la policía del aparato público por la sencilla razón que ellos son legalmente responsables si sus informes mensuales no representan fielmente la realidad.

Claro que en la vida real ocurren igual ocultamientos y componendas, pero existe a lo menos el riesgo. Una compañera de trabajo de la Municipalidad de Tacna las vio verdes cuando la citó la justicia por un proyecto que supervisaba. El incentivo a hacer bien el trabajo es fuerte.

En Chile nada de eso existe: una vez que el proyecto es aprobado y la plata adjudicada, nadie pide cuentas a la autoridad si se gastó bien o no, si cumplió con los objetivos o se hizo en los plazos adecuados, la contraloría apenas revisa las formalidades y que no exista desfalco. A veces ni siquiera eso.

¿Que tiene de raro entonces que los servicios públicos estén llenos de ladrones? Es natural que si se deja a alguien la posibilidad de robar con la seguridad que no será controlado 8 de cada 10 funcionarios van a tirar las manos. Y si pasa suficiente tiempo con esa posibilidad serán 10 de cada 10.

Eso se soluciona creando las unidades de supervisión de proyectos. En administración se sabe que el control cuesta y que a veces es más barato dejar que roben antes que controlar. Pero no es el caso de la inversión pública, donde la corrupción tiene costos que suben exponencialmente. Es lo que ha pasado desde 1990 hasta hoy, ni más ni menos.

Solucionada la corrupción hay otro problema más difícil: la pobre calidad de los profesionales de la administración pública, que no tienen capacidad, conocimientos ni motivación para hacer buenos proyectos. Un empleado público es por diseño un ganapán sujeto al escalafón y los bienios, existen excepciones, pero son igual de abundantes que los locos o los enfermos de dengue en Chile.

Curiosamente -al mismo tiempo- está repleto de profesionales cesantes con capacidad y experiencia para hacer proyectos pero que por distintas razones no trabajan en la adminsitración pública: flojera, falta de contactos, partido que no es del gobierno de turno, etc.

La solución para mejorar la calidad de los proyectos de inversión es externalizarlos, a través de licitaciones en Chile Compra dentro de un registro de consultores autorizados, sin otro requisito que acreditar experiencia en el área.

¿Por que mejoraría la calidad de los proyectos? Porque los estudios licitados introducirían el incentivo que el empleado público no tiene: los profesionales registrados podrían ganar puntos por experiencia y por resultados de evaluación ex-post, y ser rankeados en el tiempo ¡lo que la administración pública jamás podrá hacer!

No es difícil hacer licitaciones competitivas, transparentes y envíar las señales adecuadas para incentivar proyectos de calidad, un ranking de consultores que les permita ir cobrando más según los buenos resultados, etc.

Todo esto que he dicho hasta aquí es técnico, pero hoy se maneja por criterios políticos: se supone que si a alguien lo eligieron o es del partido que sacó más votos puede robar como quiera sin mayor control o puede hacer los proyectos más malos sin sufrir ninguna consecuencia ¿por que se va a esforzar por hacer buenos proyectos entonces? Tendría que ser muy gil.

Pero hay otra parte que es política: la toma de decisiones de cuales proyectos se aceptan y cuales no y aquí entramos al terreno movedizo. En el diseño original de Sistema Nacional de Inversiones era SERPLAC y sus sectorialistas quienes daban o negaban el codiciado "RS" de aprobación. Hoy un RS vale menos que la amistad con un detective. La decisión es 100% política.

Y allí entran las universidades, repletas de doctores, magisters y estudiantes que podrían hacer un aporte útil a la región por una vez en su vida. Se necesitan con urgencia estudios de línea base, investigación económica básica, local, que no hace nadie ¿y para qué sirven las universidades regionales entonces?

Como comentaba el Lalo en la entrada de ayer, el problema no es de Arica sino de todas las regiones: todas alegan lo mismo, el cuento del "centralismo y abandono" que muy poco tiene que ver con los verdaderos problemas regionales. Todas las regiones se creen especiales y merecedoras de subsidios por los inconmensurables servicios que prestan a la patria. Que se vayan al diablo.

Época de elecciones, los perros andan sueltos por la calle, olieron la sangre de un puesto de concejal, alcalde o mejor diputado y por eso corren por todo Chile armando agitaciones, protestas, marchas, sobre todo destrozos. Cuidado con los perros, andan sueltos y en gira.