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06 diciembre 2011

Anonimato y elecciones en la U de Chile


Vengo llegando de una reunión de la Cámara de Comercio, Industria, Servicios y Turismo, de Arica en mi calidad de nuevo socio, en realidad conozco a varios de los asociados hace años, desde cuando eran pobres, parece que yo soy el único que sigue en la pitilla y que todos los demás se han hecho ricachones pero que diablos.

Creo que ese sector combinado es el más potente de la economía de Arica, es nuestra locomotora y por eso mi interés en ayudar en lo que pueda, porque ambiciones de dirigente no tengo ni una. Ya les advertí que si me llegan a poner en algún cargo me lo robo todo: ese es mi compromiso. Pero es muy interesante conversar con los dirigentes gremiales y empresarios, tal vez los pueda ir convenciendo desde adentro que muchas ideas que en Arica se consideran verdades evidentes son pura majadería. Si los convenzo de que dejen de quejarse y pedir subsidios creo que ya me podría morir tranquilo, un cambio de mentalidad es todo lo que Arica necesita.

Estuve leyendo algunas cosas sobre el anonimato en Internet. Durante los casi 20 años que Internet se usa de manera masiva hemos tenido la posibilidad de publicar de manera anónima con cierta facilidad, cosa que muchos defienden. Yo no creo que ese beneficio vaya a durar mucho más.

Hoy mismo el anonimato fuerte -es decir que no pueda ser trazado ni siquiera por las autoridades- es bastante difícil. La mayoría de la gente piensa que basta con crear una cuenta con datos falsos o con un nick para que nadie pueda detectar su identidad, pero a los técnicos y en particular a la policía o el sistema judicial no les cuesta nada rastrear a ese tipo de anónimos.

Basta con que identifique su IP lo que les permite determinar de manera bastante exacta desde que máquina se conectó en cierto momento, una vez identificado cierto patrón de uso es cuestión de seguir el rastreo hasta pillarlo justo cuando esté conectado. Así es como pescan a los pedófilos, terroristas u otros que tienen buenas razones para esconder su identidad.

Claro que hay programas como Tor, Onion y cosas por el estilo que ocultan la IP y hacen mucho más difícil, en algunos casos imposible, el rastreo. Pero esos programas producen una conexión muy lenta así es que solo son útiles en ciertas aplicaciones.

El anonimato usando un alias entrega cierta libertad para opinar. Por ejemplo hay varios casos de funcionarios de gobierno que han sido despedidos por algún comentario incorrecto o que sus jefes consideren inapropiado, como la ministra que dijo que su sueldo era "reguleque". Cosa parecida con militares o gente que maneja información confidencial que podría revelar amparado en el anonimato, como hizo Wikileaks o Cryptome.

En general yo creo que el anonimato permite más cosas turbias que buenas. Por ejemplo es el paraíso de los chantajistas que amparados en la "libertad de expresión" se dedican a injuriar personas o instituciones sin miedo a las represalias. A un nivel más bajo están los trolls, provocadores de Internet que -por algún raro mecanismo mental- disfrutan generando odio y antipatía hacia ellos mismos.

Yo creo que el anonimato se puede justificar en unos pocos casos, por ejemplo para evitar represalias laborales, pero es muy cobarde cuando se usa para insultar o atacar a alguien escondido en la impunidad. Muy pocas veces he publicado algo anónimo y nunca para discutir, yo discuto con nombre y apellido y me hago reponsable de cada palabra que digo. Igual no creo que dure mucho, creo que es técnicamente fácil y conveniente que todos fuésemos identificables en Internet.

Y a estas horas se contabilizan voto a voto las reñidas elecciones de la Federación de estudiantes de la Universidad de Chile, donde se estima un record de participación cercano al 50% de los estudiantes, la participación más alta de por lo menos los últimos 5 años. Se disputan la presidencia voto a voto la atual presidenta Camila Vallejo del Partido Comunista con Gabriel Boric, de un colectivo de izquierda extra sistema, en tercer lugar van los anarquistas y cuartos los gremialistas de derecha.

La pelea está entre los dirigentes comunistas que condujeron el último conflicto y que tienen la estrategia de usar las protestas para negociar ventajas a los grupos de interés que apadrina el partido: profesores de universidades estatales, escuelas y liceos municipalizados además de asegurar cupos parlamentarios y municipales con la teoría que ellos pueden "vender paz social" al país. El otro grupo de la izquierda no tiene los objetivos del Partido Comunista y al menos en el discurso su idea es obtener cambios políticos mayores como reforma a la constitución, estatización de la gran minería y cosas por el estilo.

Comunistas pragmaticos contra idealistas de ultraizquierda. Como yo veo la cosa lo mejor para el país sería una derrota de los comunistas. Los idealistas de izquierda no tienen la menor posibilidad de conseguir los cambios que exigen porque la fuerza de las protestas es muy limitada, como se vio en el conflicto de este año y considero casi seguro que no tendrán capital humano para repetir el año que viene.

Los dirigentes hablan de "sacrificio" pero en realidad ellos no sacrifican nada porque egresaron, los que están en pregrado -especialmente en los niveles más bajos- son los que se llevaron todo el sacrificio y creo que es muy difícil que se vayan a repetir el plato: la reanudación del segundo semestre fue una derrota importante del movimiento y una señal de que no van a poder contar con gente en huelga indefinidamente.

Para mi gusto ojalá que perdiera el Partido Comunista, con lo que quedaría reducido a su más mínima expresión. La Universidad de Chile siempre ha sido su feudo y si pierden la presidencia se quedarán sin lo que es su activo más importante. Prefiero a los idealistas de ultra izquierda, mil veces. Vamos a ver que pasa.

11 enero 2011

Malditos trolls

Me gustan algunas cosas del relativo anonimato que existe en Internet: por ejemplo que me permite gastar buena parte del día paseando por páginas porno sin que todo el mundo se entere.

Aparte de eso, en mi caso al menos, no tengo la más mínima preocupación por la confidencialidad y desde fines de los noventas, cuando empecé a subir contenidos y mis disparatadas opiniones por Internet lo he hecho siempre firmando con mi nombre y apellido. Entre todas las tonteras que he publicado con mi nombre, hay cosas que harían sonrojar a Rasputín, si algún día, llamado por mi natural vocación de servir a los demás, tuviese la pésima idea de postularme a una elección, mis oponentes la tendrían muy fácil para dejarme KO, bastaría que se pasaran un par de horas en Google y se encontrarían con las barbaridades más grandes firmadas por mi, partiendo por mi promesa de que si algún día tengo un cargo público les juro que me robaré hasta el gato. Y no lo digo en broma.

No tengo nada contra el anonimato cuando alguien por razones prácticas prefiere esconder su nombre verdadero, incluso cuando lo hace solo para tener más libertad para opinar me parece perfecto. Mucha gente podría perder su trabajo o tener graves problemas si opina con franqueza, algo que a los que somos cesantes ni nos preocupa.

Pero hay otra clase de anonimato que es cobarde y hasta un poco psicópata: el de los tipos que creen tener alguna clase de ingenio excepcional y se ven -en su imaginación- como una especie de vengador enmascarado, libres para decirles unas cuantas verdades a los que les caen mal. Los foros de los diarios en línea están repletos de trolls que se amparan detrás de seudónimos para insultar y botar toda la caca que llevan en su cerebro, son realmente gente muy desagradable: enfermos y cobardes.

Cuando uno de esos se asoma por este Templo del Ocio, a veces los tolero una o dos veces, luego saco mi Bate de Beisbol Virtual y procedo a borrar una por una las estupideces que mandan. Difícilmente me voy a cansar de borrar una y otra vez a un troll, al contrario, disfruto cada vez que hago clic en el botón "suprimir" porque siento como si le estuviese dando un palo en la cabeza. Es una experiencia realmente rica.

Mi criterio para calificar a un troll es sencillo: si alguien con un seudónimo me insulta, o usa expresiones poco educadas o seudo ingeniosas, si se expresa de manera ininteligible, si injuria a quien sea, si se muestra insolente ¡paf! "delete". Distinto el caso si su opinión me parece irremediablemente ignorante, tonta o irritante contra mis muchos prejuicios, entonces la dejo sin importar con cuanta asertividad la haya dicho, total, cada cual puede opinar lo que se le de la gana, mientras no insulte todo bien.

En fin, solo quería expresar mi desprecio por algunos troll que se creen muy inteligentes y se dedican a insultar en los foros de Internet, que se vayan al diablo malditos sean.

Y como es mi día de flojera me limitaré a copiar mi columna en "La Estrella de Arica" que sale mañana -u hoy- miércoles en la página 10 u 11, no estoy seguro, aquí va:

Crédulos y fantasiosos

Somos únicos en muchas cosas que nos retratan como ariqueños. Una de nuestras características más divertidas consiste en lo extremadamente crédulos y fantasiosos que podemos ser. Acá hasta los ateos creen en milagros, y basta que llegue alguien con una buena historia para que la compremos a ojos cerrados. Nuestra ciudad es el paraíso de los cuenteros y cada cierto tiempo aparece alguien con un proyecto y una gran maqueta bajo el brazo ofreciendo millones de dólares, miles de puestos de trabajo y la solución definitiva para los problemas de la ciudad.

Lo malo es que los problemas, como se entienden en Arica, no tienen solución. Todos quieren vivir en un estado de bienestar sin mucho esfuerzo que puede estar al alcance de los que ganan la lotería o encuentran un trabajo ideal, pero nunca de la gente normal. Nosotros los ariqueños netos, acostumbrados a décadas de subsidios y leyes especiales, afirmamos convencidos que sin subsidios la ciudad muere. La verdad es que Arica no se muere ni mucho menos, las cifras de pobreza, cesantía y costo de vida han sido bastante buenas desde hace años, pero la idea general es que estamos en una crisis horrenda. Una crisis imaginaria no tiene remedio.

Eso explica que las autoridades y ciudadanos sean engañados una y otra vez con millonarias inversiones que solo traerán beneficios sin costo ni daños. Esas que jamás se materializan o bien terminan en desastre, porque son negocios demasiado buenos para ser verdad. Para que dar ejemplos, se podría llenar un libro más grueso que la Biblia, pero quien tenga memoria, que la use.