Ahora si que me aburrí. Tengo 267 seguidores en twitter, la mayoría son amigos personales o bien regulares de este Club de Ociosos. Casi todos me han seguido a mi primero y yo lo hago de vuelta por reciprocidad, pero ¿que diablos me importa que se hayan levantado; que se estén yendo a dormir; donde están almorzando; con quien están reunidos; sus problemas personales; el relato de un partido de fútbol y sobre todo las opiniones sobre algún reality show de la tele?.Como dijo una vez Pinochet ya me tienen hasta más arriba del paracaídas, se entiende que es el paracaídas de emergencia. Tengo paciencia pero nunca tanta, si quisiera ver realities estaría pegado en la tele. Lo malo es que todos me caen bien y aprecio que se hayan anotado para seguirme, pero ¿no hay forma de sacarlos sin que se enteren y se ofendan?.
No entiendo como pueden haber personas con mil seguidores o más ¿leerán los miles de tonteras que se publican? Yo ni muerto, estoy apenas con 200 y tantos. Lo malo es que hay un puñado de mensajes que me interesan, pero esos caben en los dedos de una mano y me sobran dedos. Ah diablos, creo que la solución es ver twitter solo una o dos veces al día, aunque se acumule una lista enorme de mensajes aburridos o irrelevantes. Creo que es muy mala educación escribir cosas que sabemos que a nadie más le interesan, solo por "expresarnos". Me enojé, mejor paso a otra cosa.
Sigo en mi semana de todo un poco, comentando cosas intrascendentes que me han pasado, algo que leo y tal vez no le interese a nadie. Pero al menos los blogs no son invasivos como el twitter, no molesto ni obligo a leer a nadie. El que no le interesa no entra nomás.
Leo que en septiembre de 1986 fue el intento de asesinato del presidente Pinochet camino al Melocotón. Murieron cinco escoltas y todos los atacantes se arrancaron. Recuerdo que durante mucho tiempo se rumoreaba que el atentado había sido un montaje del propio gobierno para justificar el estado de sitio.
Pero en realidad se trató de una incompetencia increíble, tanto del fiscal ad-hoc que investigaba como de los servicios de seguridad. Se les arrancaron todos y el caso más notable fue el de Sergio Bunster, que pese a ser el tipo más buscado de Chile vivió en la clandestinidad durante más de 12 años ¡usando el nombre de su hermano y sin esconderse!. Hoy vive tranquilo porque le aplicaron la prescripción de manera casi automática, igual que a los demás involucrados que sobrevivieron.
Leía una entrevista donde Bunster dice no arrepentirse de nada, porque pensaba que era justo intentar el asesinato. Claro, de que se va a arrepentir si no recibió ni un empujon, lo que no dice es que tomando justicia por mano propia, gente de los servicios de seguridad mataron a 4 personas que no tuvieron nada que ver con el atentado, y torturaron quien sabe a cuantos más, mientras ellos estaban bien escondidos. En cierto modo se hizo justicia porque tanto en el atentado como en la revancha murieron inocentes.
Así es casi siempre la violencia política. Los responsables, instigadores, financistas, siempre se arrancan y los que pagan la cuenta son otros, que no tuvieron nada que ver en el baile. Altamirano, Garreton y muchos otros "heroes" que durante la Unidad Popular aparecían frente a las masas arengando y llamando a luchar hasta el final, igual como Arturo Prat. Pero la diferencia con Prat es que ellos no pelearon: mandaron a otros al frente como carne de cañon mientras se ponían a salvo.
Con las protestas estudiantiles del año pasado ocurrió exactamente lo mismo. A mitad de año los dirigentes ponían como ejemplo a Mexico y llamaban a tomarse los colegios y universidades todo el año y a hacer el sacrificio en nombre del futuro. Los idotas que creyeron se fueron al sacrificio cantando y gritando consignas, igual que durante la Unidad Popular. Ahora los dirigentes andan en Europa o preparando sus campañas para convertirse en diputados, son los únicos que ganaron algo, para los otros tontos pérdida total. La historia se repite.
La moraleja: no hay peor negocio que ser idealista en política, los idealistas solo sirven como carne de cañon, especialmente cuando la acción política se pone violenta. No tienen nada que ganar, todo que perder y siempre habrá un oportunista atrás que sacará provecho de su sacrificio. Miguel Enriquez, Raul Pelegrin, Cecilia Magni ¿saben para que murieron? Para que Fulvio Rossi, Escalona y Andrade, entre varios otros, se embuchen 14 millones de pesos todos los meses. Nadie sabe para quien trabaja.
