Igual que todos los años la discusión del salario mínimo se entrampa con los argumentos de siempre. Es una comedia bufa donde todos mienten a sabiendas y los líderes de los sindicatos tienen la única oportunidad en el año para mostrar que defienden a los pobres. John L. Lewis, es el modelo. Uno de los primeros sindicalistas profesionales que llamó a la huelga de los mineros del carbón y los metalurgicos en medio de la Segunda Guerra Mundial. Cuando le preguntarón que era realmente lo que demandaba para sus asociados contestó con una sola palabra "más".
Su retórica es la misma que hoy tratan de remedar -con mucha menos gracia- nuestros líderes locales: "Caballeros, vengo a hablar en nombre de las familias de los mineros... los pequeños niños que se sientan a una mesa vacía porque no tienen que comer. Ellos no piden un yate de cien mil dólares como el suyo señor (y señalaba con su cigarro a uno de los dueños de empresa), ni una limosina Rolls Royce como la suya señor (señalando a otro), ellos lo único que piden es un miserable mendrugo de pan."
Lewis decía que los sindicatos lo habían contratado para obtener lo más posible de las empresas y por eso era justo que el mismo fuera espléndidamente remunerado, era un negociador furioso, sin educación, inflexible que abusaba de las amenazas a huelga en los momentos difíciles. Un depredador que viajaba en auto de lujo y comía langosta, o sea ya saben de donde sacó esos gustos caros el socialista Arturo Martinez, el presidente de la CUT en Chile.
El argumento del "mendrugo de pan" se mecanizó a la hora de pedir aumentos de sueldo, es viejo y falso, pero da lo mismo. Todos los años se repite y es igual si son cien o doscientos, siempre será un "mendrugo de pan" porque el sindicalista entiende su trabajo como siempre exigir por "más". Por eso los trabajadores de Codelco y los empleados públicos son los más improductivos de Chile: sindicato fuerte y empresario débil (gobierno) es la fórmula que lleva de manera inevitable a la improductividad perfecta.
Los derechistas, o mejor dicho los amigos de los ricos no lo hacen mejor, son tanto o más hipócritas que los sindicalistas y caen en el mismo juego de negociar en base a mentiras. La principal mentira es que si se sube el salario mínimo sobre cierto valor se va a producir un aumento inmediato de cesantía. Es evidente que un alza del salario mínimo del 10% o hasta el 15% no va a producir un aumento inmediato y significativo de la cesantía, porque la economía no funciona así.
Es seguro que el empleo va a permanecer inalterado en el corto plazo porque las pérdidas de competitividad se acumulan en el tiempo y si pasa suficiente tiempo ya habrán otras explicaciones para el desempleo. Por eso la mayoría de los estudios econométricos son ambiguos en sus resultados sobre el impacto de los salarios mínimos, es casi imposible medir efectos e identificar causas con precisión en la economía.
Entonces los sindicalistas al año siguiente volverán a la carga diciendo ¿vieron que no pasó nada? ¿vieron que no costaba nada dar un mendrugo de pan a los pobres niños? y pasarán en seguida a escalar sus demandas. Una campaña del terror respecto de los efectos inmediatos del sueldo mínimo es tonta, ignorante y falsa. Los resultados de mentir en política son que se pierde el respeto ¿pero a que político le importa que le pierdan el respeto si nunca lo han tenido?.
Los políticos verdaderamente liberales deben decir la verdad: que el salario mínimo es una fijación de precios arbitraria, fijada por intereses de grupos de poder y que hace perder la competitividad de cualquier negocio. Hay experiencia histórica muy clara que cuando un gobierno fija los precios las personas se perjudican ¿no se acuerdan cuando Dirinco fijaba los precios del pan, la leche y todos los "artículos de primera necesidad"? Nunca fuimos tan pobres como entonces. Si el salario mínimo tiene justificación entonces hay que volver a los controles de precios de los artículos de primera necesidad y volver al tercer mundo que dejamos atrás hace años.
El salario mínimo se debe eliminar por la misma razón que se eliminaron los demás controles de precios: no funciona y perjudica a los que pretende ayudar, en países muy prósperos no existe salario mínimo ni muchas de las leyes de "protección" para los trabajadores, que al final terminan protegiendo solo a pequeños grupos.
La teoría de la explotación, que dice que si el gobierno no interviene la "asimetría" que se produce entre patrones y obreros se producirán grandes abusos es una majadería, la experiencia muestra todo lo contrario.
Los políticos de derecha no son liberales, ninguno de los profesionales de la política lo es, simplemente son colectivistas de derecha como Mussolini o simplemente ladrones de cuello y corbata que les importa un comino el futuro y buscan aprovecharse ahora mismo de sus privilegios: Piñera; Mattei; Longeira; Allamand, ni un solo liberal.
Por eso la discusión sobre el salario mínimo de todos los años es una charada, un baile de máscaras ejecutado por los políticos profesionales y sus claques. Todos saben que nadie dice la verdad pero a nadie le importa, solo hacen coro para elevarle la cambucha al bando de sus amores.
