Ayer me invitó a un café Jorge, un empresario boliviano al que solo conocía por referencias y que instaló en Arica un negocio muy interesante para procesar fibras de camelidos. ¡Que tipo más entretenido! tiene más aventuras que Quintin, me estuvo contando algunas y me puso al día sobre como están las cosas en Bolivia. Estuvimos conversando buena parte de la tarde sobre sus proyectos y arreglamos casi todos los problemas del mundo.Pero eso no era todo, mientras discutíamos sobre intrincados asuntos filosóficos, se apareció por el café el Pato Bastian, mi compañero y amigo, con el que tratábamos de sobrevivir en 1989 durante los primeros años de la universidad. Más de 20 años que no nos veíamos y me estuvo contando sus aventuras de su trabajo en las Naciones Unidas, los viajes y el interesante doctorado que está terminando este año.
¡Como lo envidio maldita sea! ¿Porque gana plata? No; ¿Porque tiene muchos títulos, un buen trabajo y ha viajado mucho? No; ¿Porque es Vicerector y está terminando su doctorado? Tampoco. Lo que me pudre de envidia es que tiene pelo, mientras yo me estoy quedando pelado ¿como lo hizo? ni idea pero está igualito, tiene todo el pelo que a mi me falta, ah me pudre la envidia, maldito pelucón. En fin, que buen rato pasamos recordando cuando fuimos flamantes empresarios con el clandestino Instituto Preuniversitario:
Una profesión es la llave
Que le abrirá muchas puertas
No confíe en la casualidad, prepárese
Bueno, pasados los años lo vemos como una época muy feliz, nos acordamos solo de lo bueno pero también fueron años de mucho miedo, cuando nos jugábamos la vida en cada prueba y comíamos menos que Ghandi. No todo tiempo pasado fue mejor, aunque siempre recordamos lo bueno. En fin, un gran alegrón haberme juntado con el Pato después de tantos años.
Y así nos dio la medianoche, yo volvía a la casa, caminado igual que Kung Fu, cuando me encuentro con mi compadre el Chicha Ahumada, con quien no nos juntábamos hace un par de meses y préstamente me invita a un trago. Nos fuimos al Cantaverdi, que era lo único que estaba abierto, decorado con corazones y lleno de parejas celebrando el día del amor ¡parecíamos gay celebrando el día de la diversidad! que diablos, todo sea por tomarse un trago.
Y así pasó otro día de la más absoluta flojera. Llegué tarde y un poco maharishi a la casa, me acosté y me quedé dormido enseguida. Acabo de despertar y como nunca me acuerdo perfectamente de lo que soñé: se me apareció mi tío abuelo el Monseñor, para retarme y pedir explicaciones por que había escrito tantas burlas con la historia de su vida. Me acordé que es milagroso y -para que no se enoje- hice esta foto donde aparece retándome mientras yo escucho obediente. Con la Iglesia no se juega. Ya pues Monseñor, un milagrito para mi pues.